El martes se levantó un poco nacionalista pero a eso de las diez se le pasó. Como cada mañana, buscó la tranquilidad de su colonia de siempre y salió a la calle sin ninguna opinión. El sol le puso sombra y un amigo nombre. Unos vinos y las cosas que se dicen por costumbre pactaron la tregua hasta que al salir del bar, sin previo aviso, una nube le dio el tajo y olvido. Pronto se supo que ya no estaba en ningún sitio, por lo menos eso fue lo que me dijo su sombra, con la que estuve hablando un buen rato cuando él ya se había desvanecido.
domingo 19 de febrero de 2012
Tajo y olvido
El martes se levantó un poco nacionalista pero a eso de las diez se le pasó. Como cada mañana, buscó la tranquilidad de su colonia de siempre y salió a la calle sin ninguna opinión. El sol le puso sombra y un amigo nombre. Unos vinos y las cosas que se dicen por costumbre pactaron la tregua hasta que al salir del bar, sin previo aviso, una nube le dio el tajo y olvido. Pronto se supo que ya no estaba en ningún sitio, por lo menos eso fue lo que me dijo su sombra, con la que estuve hablando un buen rato cuando él ya se había desvanecido.
Libertad de las formas
sábado 11 de febrero de 2012
Prestar atención
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viernes 27 de enero de 2012
Ruinas del amor
Sólo era una vulgar estantería para el cuarto de baño. Técnicamente no tenía ninguna dificultad: taladro, cuatro agujeros y sus correspondientes tacos, cuatro tornillos para fijar los soportes y una tabla de madera. Pues bien, entre una pequeña grieta casi imperceptible y la declaración del edificio en ruina apenas transcurrieron un par de meses. Nadie se explica lo que sucedió. Se querían tanto.
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