martes, 17 de noviembre de 2020

De realidad y añoranzas.

 


  Créanme si les digo que mi querida y añorada mula era una hacedora precisa de realidades bien distintas y que en ninguna de ellas se dejaba atrapar. Por lo demás, me sabrán perdonar "el lagrimón", pero es que esta tarde he dado levemente positivo de añoranzas.


miércoles, 14 de octubre de 2020

Bárbara Blasco ("Dicen los síntomas")

 

¿Se puede recitar una novela?

¿Cómo suena el jazz en oncología?

¿La belleza cuenta como acompañante?

¿Será la vida la forma que tiene la muerte de morirse?

¿Puede un gotero introducirnos suero poético?

¿Dónde comienza y dónde termina un hospital?

¿Se puede encuadernar el placer?

¿De quién o de qué somos los síntomas?

¿Puede un libro darnos el alta y mandarnos a casa?

¿Es la mentira la quimioterapia del dolor?

¿Quién responde la pregunta de un orgasmo?

¿Es alarmante la inflación del mercado familiar?

¿Es posible que “Dicen los síntomas”

provoque un gozoso colapso del sistema literario?


¡Pasen y lean, señoras y señores, pasen y lean!


La función -o el baile si ustedes lo prefieren- 

les está esperando para poder comenzar.


viernes, 9 de octubre de 2020

Un exceso de celo (Taller Bremen)

 


  El país a pesar de ser pequeño se onorgullece de ser antiguo, aunque ni lo uno ni lo otro justifique necesariamente que a menudo sea, como tantos otros, absurdo. Vestido apenas hace unas décadas con las holgadas ropas acrílicas de una democracia que, a fuerza de insistir en serlo, cualquier persona desantenta diría que lo es, no ha escatimado esfuerzos para dotarse de todos las instituciones, convenciones y ficciones que suele requerir esa curiosa forma que tenemos de creer ser algo, es decir, ese trapo emocional al que se suele llamar nación.

  Hasta ahí nada distinto que permita ser estudiado en humildes cátedras de provincia, tal vez si que añada algo de interés y excepción el hecho de que en la unidad de paliativos del Hospital Nostra Senyora del Remei agonizara, en el periodo en que ocurrieron los hechos, Joan Bellpuig, que con sus 97 años fue el único habitante de dicho país que durante unos meses no fue extranjero.

  Un descuido legal, o tal vez un exceso de celo, o quién sabe si un miedo mal ventilado, atávico y acerado, a los otros, o quizás la suma de todo ello, pero la cuestión es que al aprovar el Parlamento la ley de extranjería más resctrictiva que uno pueda imaginarse la cosa se les fue de las manos. Tan duras eran las condiciones necesarias para considerarse ciudadano con pleno derecho a orgullo, pasaporte y bandera que un martes cualquiera, a eso de las seis y media de la tarde, el Ministro de Deportes y Medio Ambiente, sin duda el más avispado y leído de los que formaban el gobierno, se percató, hojeando una gráfica que quería reflejar la evolución del censo electoral, que antes de acabar el mandato era muy probable que, de seguir así, casi todos los habitantes pasasen a ser considerados legalmente extranjeros.

  Al principio nadie quiso creer lo evidente, por lo que el deficiente informe que presentó al respecto el lúcido Ministro de Deportes fue acogido con más sonrisas que preocupación. No fue necesario aportar muchos datos para que un silencio densísimo, tiznado de miedo, perplejidad y algo de verguenza, le diera toda la razón.

  Casi de inmediato, una mano alzada en la que temblaba un Rolex que exigía ser considerado auténtico, dio paso a la pregunta que  la mayoría de los diputados temían hacerse: 

-¿Si todos somos extranjeros, cómo nos protegeremos de los extranjeros?

-!Si, eso! -grito el que siempre parecía el más tonto y eso hacía muy probable que lo fuera- ¿cómo protegeremos al país para que no caiga en nuestras manos?

-¿Quién nos votará -sollozaba inconsolable el Ministro más bajito-si ya nadie tiene derecho a voto?

 Es sabido que nada teme más cualquier cosa o situación ilusionada en seguir siéndolo que la inexistencia de su contrario. Innecesaria prueba de ello es que nadie sabría que cojones es una subida si no existiesen las bajadas; nadie concebiría a Nicanor Parra sin el inestimable contrapunto que posibilita Isabel Díaz Ayuso; ninguno se aventuraría a definir un beso si la palabra cementerio nada nombrase.

  Digo esto para que se entienda la intensa desazón que durante las interminables sesiones parlamentarias que siguieron al descubrimiento del leve gazapo legal, padecieron los recien extranjerizados representantes ya casi de nadie, dadas las circunstancias.

  A su favor hay que decir que, con gran agilidad y visión de futuro, se decidió adjudicar, como solía ser habitual por un importe que andaba entre lo indecente y lo excesivo, a una renombrada consultoría norteamericana el encargo de enmendar lo antes posible el entuerto legal. Tampoco les quisieron recriminar a los integrantes de dicha comisión algunas risas ahogadas que se escucharon en las inteminables reuniones de trabajo. 

  Ni que decir tiene que pasaron algunos meses angustiosos hasta que pudieron suprimirse algunas leyes y promulgarse otras; algunos meses más hasta que algunos familiares del govierno que propicio el curioso incidente pudieron hacerse cargo del nuevo gobierno, y otros más hasta que de nuevo pudieron aplicarse unas nuevas Leyes de Extranjería lo suficientemente restrictivas como para evitar que el pequeño y hermoso país fuese algún día governado por extranjeros. A pesar de la premura con que todo quiso llevarse a cabo, no se llegó a tiempo de evitar que durante un par de años todo el mundo se mirara con recelo por las calles.

  Aun hoy, cuando el tiempo ha hecho todo lo posible para imponer el merecido olvido, por los mentideros que propician los pequeños bares sin futuro se expande una de las más increibles, pero ciertas, anécdotas que posibilitó esa crisis de rabiosa extranjería que azotó el país, y es que según parece, y durante el tiempo que duró ese vacío legal, los miembros de la policia, actuando en el más estricto cumplimiento de sus obligaciones, se detenían entre ellos y se expulsaban del país, hasta que al ver el desamparo de las calles el govierno quiso extenderles a cada uno de sus miembros, y con caracter de urgencia, un permiso de residencia válido por unos meses, decisión que la oposición parlamentaria consiguió parar con el lógico argumento de que la ley no permite que un extranjero conceda un permiso de residencia a un extranjero.


  Tal vez también merezca ser recordado el hecho de que alguien consiguió recoger una gran cantidad firmas solicitando que el Parlamento aprovara un concurso público con el fin de levantar un monumento a los hermanos Marx en la Plaza de la Constitución. Propuesta que, como era de esperar, dicho Parlamento rechazó de forma casi unánime.


domingo, 27 de septiembre de 2020

A destiempo la luz -7-

 


“De frente a corazón pasa la vida

y pasa del tapete al aquelarre,

agotando las témporas y el culo.”

-Juan García Hortelano-


Se contornea la zanahoria

ante el hocico del asno;

si me alcanzas -dice ella-

serás para siempre mi amo.

¡Qué puta la zanahoria!

¡Qué asno el asno!

miércoles, 16 de septiembre de 2020

A destiempo la luz -6-

 


“Huyendo della, topé / con ella, pues no hay lugar / para la muerte secreto, / de donde claro se arguye / que quien más su efeto huye, / 

es quien se llega a su efeto.”

-Calderón de la Barca-


Anda el hombre tras la vieja dama 

creyendo que es ella quien lo requiere.

¡Qué triste verlo escanciar versos

para seducirla en la noche que teme!


viernes, 11 de septiembre de 2020

A destiempo la luz -5-

 



“Porque en aquel sitio el mesmo silencio 

guardaba silencio a si mismo.”

-Miguel de Cervantes-


El silencio es un pájaro sin alas; 

el silencio es historia devastada; 

silencio es lo que queda de ti 

justo un poco antes de nada.


viernes, 4 de septiembre de 2020

Bárbara Blasco ("Dicen los síntomas" -Premio Tusquets de Novela 2020-)



Decir que a Bárbara Blasco le han concedido el Premio Tusquets 2020 por su novela “Dicen los síntomas” siendo cierto no es preciso. Mucho más ajustado a razón sería afirmar que todos los síntomas dicen que esta novela es para Tusquets un premio que les ha concedido Bárbara Blasco.
Aun siendo consciente de que nada nuevo aporta insistir en que Bárbara es alguien que sabe decirse de una forma deslumbrante, resulta que esta tarde me apetece insistir. Contemporáneos afortunados, algún azar nos ha permitido contemplar el “Big Bang” de una escritora que ha ido configurando su obra como un Orient Express de cercanías -un lujo con el que desplazarse a cualquier cotidianidad-; una escritora sabedora de que los grandes viajes caben en el espacio que configuran las esquinas; una mujer plenamente consciente de que a las historias más hermosas no les sientan bien las mayúsculas, de que todas las Islas del Tesoro pueden concebirse entre un “por favor, un cortado” y un “¿cuánto le debo?.
Por lo demás, es normal que faltando todavía algunos meses para la próxima Feria del Libro, y siendo la gente consciente de lo mucho que perjudica la salud tanto tiempo a la intemperie, estemos ahora aquí solos, mi sombra y yo, inaugurando la larga cola que sin duda se formará. Más aquejado de ilusión que de juicio, la cuestión es que quiero ser el primero al que firme un beso; no me da la gana ser el segundo en decirle lo que ya sabe; me niego a ser el tercero en leer lo que sus palabras han escrito de ella. Ni que decir tiene que no despreciaré, si alguien se acerca a mi persistente espera, algo caliente e incluso algunas monedas.