martes, 7 de diciembre de 2010

Sal, luz, aceite y palabras













En la mesa se dispuso sal, luz, aceite y palabras. Sin decirnos nada, acordamos celebrar esa breve eternidad que se venía precisa y sin mácula. Ahora pienso en el mar, y en lo contento que estaba esa mañana de que tus ojos lo nombraran.

Absurdo anhelo











La precaria brisa era del todo insuficiente para tan absurdo anhelo. A pesar de ello, y por unos instantes, se dio la ambigua circunstancia de que el jugador fue también el juego (admirables las piruetas que el niño hacía en el cielo).

Uno más uno suelen ser tres













Los dos se querían; el tercero esperaba, pacientemente, la señal convenida.

La primavera













La primavera: ese empeño, esa terca voluntad, que año tras año regresa sin noticias.