domingo, 2 de octubre de 2011

Erase a la vez...













Erase a la vez… y las feroces perdices la devoraron sin la más mínima compasión.

12 comentarios:

La Co dijo...

Esta "vez" es la que más me gustó, la más cruel, la más terrestre, la más humana.

Josep Vilaplana dijo...

Es cierto que lo humano pasa por lo terrestre y que muy a menudo se acomoda en lo cruel.

Muchas gracias por tu visita, La Co, y un abrazo humano, terrestre y carente de toda crueldad.

pablogonz dijo...

Por fin, un levantamiento de perdices. Miles de noches esperando la venganza gástrica.
Gracias, hermano, gracias...
Abrazos sangrientos,
PABLO GONZ

Isabel dijo...

Tengo una máquina de coser igual que come perdices. Aunque algunas veces remiendan trajes.

Josep Vilaplana dijo...

La venganza, afirman los peores, es un plato que debe comerse frío. Comparto contigo, mi querido hermano reencontrado, que tarde o temprano las perdices darían la vuelta a tan injusta situación; si alguien se miente con felicidades de bostezo, que coma acelgas con un poco de aceite y sal.

Un abrazo solidario, revolucionario y de altos vuelos.

Josep Vilaplana dijo...

Razón llevas, Isabel. Mucho mejor sería algo parecido a: ....y fueron lo que cosieron y comieron lo que pudieron.

Un abrazo repuntado.

NáN dijo...

Me sumo a Pablo G. Que la felicidad de las parejas lleve años señalándose por el hecho de comer perdices exigía una reacción por parte de éstas.

Josep Vilaplana dijo...

Si he de ser sincero, la injusticia me la hizo ver una perdiz que, escondida en el bosque, huía de los ordas de felices que la querían capturar (ahora vive en casa y compartimos una agradable infelicidad...).

Un feliz abrazo, Nán

José Luis Ríos Gabás dijo...

Cada elemento de esta foto tiene consistencia propia, hasta la cortina, y juntos creo que tienen muchos sentidos. Tú lo has visto, Josep, y a mí me gusta.

Un abrazo

Josep Vilaplana dijo...

Me llamó la atención el mínimo escaparate de esa tienda liliputiense ubicada en un pueblo francés que ni siquiera sale en los mapas. Parecía un resumen bien expuesto de esos desengaños que a menudo conllevan las felicidades previsibles.

Como tú bien sabes, todo está ahí para que nosotros lo veamos.

Un abrazo enorme, José Luis.

Gemma dijo...

Creo que tu texto ilustra con el trasfondo necesario lo que la imagen nos muestra. Escribiste con justeza y acierto lo que cabía reconocer, para quien estuviera dispuesto a verlo...

Me ha encantado.
Dos pe tons

Josep Vilaplana dijo...

Para ser sinceros, la contemplación de ese escaparate puede provocar todo lo contrario a lo que su propietaria (o propietario) supongo que pretendía. Más que ganas de casarse, dan ganas de huir y esconderse tras las penúltimas dunas del desierto del Teneré.

Un pe tó agraït, Gemma.