viernes, 28 de diciembre de 2012

El tiempo y el mar



El tiempo y el mar siendo lo mismo no llegan a rozarse. Entre sus dos instantes hay una potencia  a la espera, algo indecible que los iguala y a la vez los distingue (tal vez su forma de compartir el preciso desprecio por todo esfuerzo que no sea su hacer sin esforzarse). El mar, ese cementerio de tiempo vertical, no transcurrido, y el tiempo, ese infinito mar de una sola ola, siendo lo mismo no llegan a rozarse.

Mi biografía es un punto


Todo lo que me queda por vivir
me cabe en este instante. 
Mi biografía es un punto 
que sin cesar se expande.

Octavio Paz



No, no me he perdido ninguno de mis yos (conozco a algunos y me aburren), sino algo fuera de mí y que no sé cómo llamar. Algo que tal vez no tendrá nombre hasta que yo no lo nombre: verdad, poesía, silencio, dicha, reconciliación con el mundo (sin excluir la muerte). Algo parecido a la luz última de estas tardes de Delhi, que te da la sensación de una verdad instantánea y, sin embargo, permanente.

(Jardines errantes. Cartas a J.C. Lambert 1952-1992)

jueves, 20 de diciembre de 2012

Algo en cualquier nada


Sospecho que para los que ya están en nada su instante, que yo no concibo, es algo;  tengo la certeza que el mío, para ese tropel innumerable de ausentes, es nada. Estas insensateces me llevan a pensar que esos vértigos y abismos que tanto nos inquietan son apenas una cuestión de perspectivas que se ignoran con inconcebible saña y tozudez; algo parecido a dos tardes distintas que no se hablan, pero tardes al fin y al cabo.

La curva


La curva le dijo a la ambulancia: 
todo es previsiblemente accidental.

John Keats



Preguntémonos con sinceridad si la golondrina de este verano es otra que la del primero y si realmente entre las dos el milagro de sacar algo de la nada ha ocurrido millones de veces para ser burlado otras tantas por la aniquilación absoluta. Quien me oiga asegurar que ese gato que está jugando ahí es el mismo que brincaba y que traveseaba en ese lugar hace trescientos años pensará de mí lo que quiera, pero locura más extraña es imaginar que fundamentalmente es otro. 

 (El mundo como voluntad y representación)

domingo, 16 de diciembre de 2012

Dice mi Mula



Dice mi Mula que no le molesta en absoluto que la llamen mula si esa convención tranquiliza al que la usa -tampoco le importaría, por idéntica razón, que la llamaran alondra, mecedora o chinchorrera- . Afirma, sin el menor titubeo, que la nieve no es feliz y que sin embargo no se le conoce tristeza alguna, siendo ese el motivo por el cual, para evitar malentendidos, no suele desear felicidad aunque tampoco nevadas -esa absurdo posicionamiento ha provocado entre nosotros mas de una agria discusión-. Insiste, sin dejar resquicio a la duda razonable, en que tarde o temprano nuestras biografías se confundirán hasta el punto de que será imposible establecer quién de los dos masticaba palabras y quién hierba fresca.

Convendrán conmigo que dejar en sus patas la necesaria tarea de los buenos deseos era poco menos que liquidar de un plumazo cualquier vestigio de relación social a la que pudiera aspirar mi exacerbada soledad.

Les ruego que no se precipiten en adjetivarla. Querer, lo que se dice querer, el bicho quiere, pero sospecho que la adorna esa particularidad que consiste en saber mucho de nada e importarle poco de todo.

Por todo lo dicho, seré yo quien les desee la salud que ustedes prefieran y la alegría menos triste de todas (no me cabe duda que ella les desea otras cosas buenas, pero como de costumbre, se las calla).

Un beso que, por razones obvias, es sólo mío.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Pau Casals




Una ventana pequeña, con rejas, por donde entra una claridad cuyas sombras son de luz y esmero. Y es en la impensable geometría de ese instante que otra luz distinta se alza, juega, acude y atiende, se ofrece, estalla, para declinar luego en un horizonte casi triste de bellísimo silencio. 

Pau Casals sonríe justo en el núcleo de este ahora súbitamente deshabitado por los cristales del tiempo.

Cualquier puerto



Se esforzaba en vano,
como un barco sin hélices,  
por zarpar de ese puerto que
sólo por serlo 
desarbolaba cualquier esperanza.

Seamus Heaney



Yo, hace ya cincuenta años que afilo las mismas piedras 
 y todo lo que he deshecho nunca ha sido lo que hice. 
Como la oscuridad delante de un espejo, no he tenido recompensa. 

(La linterna del espino)

jueves, 6 de diciembre de 2012

Barceloneta: breve inventario



Un gimnasio frente al mar; la piel y sus derrotas; la avidez de las moscas y su incomprensible biografía; la goma de unas bragas delimitando un país ignoto; los que corren para perdurar; una cicatriz enorme como una segunda sonrisa; el dominó jugando con el sol; un autobús que acoge el cansancio de las bicicletas; el viento, con sus palabras silentes; la imparable hegemonía del óxido; la extraña sensación de espera de un futuro improbable; lo que queda del sol cuando ya no está; el terrible optimismo de las obras; la precisa certeza de todo lo que se muestra siempre por primera y única vez.

Un ángel


Un ángel se prostituyó para disculparse de tanto cielo. 
Se inmoló por una compasión inconsciente, 
por un amor al que ni siquiera su tristeza daba cobijo. 
Un ángel se prostituyó para disculparse de tanto olvido.

Truman Capote



Me da miedo pensar que puedo perder el sentido del humor. Convertirme en una inteligencia sin alma, enfilar la pendiente hacia la locura, y por tanto, como dice el acertijo zen, pasar el resto de la vida escuchando el sonido de la palmada de una sola mano. 

(Los perros ladran)

jueves, 29 de noviembre de 2012

Un cielo transcurrido



La muerte, 
como un pájaro sin presente,
aletea sin fin
en un cielo transcurrido.

Vagos recuerdos


Vagos recuerdos de un lejano fin de semana en que intentaron salvarme cuerpo y alma al módico precio de 80 Euros, más dietas y alojamiento aparte.

El polvo resigue, sin delicadeza, la piel de un pueblo –este- quieto por costumbre. Una rata hecha un vistazo al cansancio. Las calles son estrechas, aunque suficientes para albergar la noche. Las mujeres, sentadas en los portales, fijan el tiempo. Indios de Donosti danzan, queman incienso, se besan. Hay dos perros; uno tuerto, desfigurado, casi no perro; el otro sólo un perro. También hay dos niños en otro plano distinto. A mi alrededor la gente hace lo que quiere (también es posible que haga lo que previsiblemente hace todo aquel que cree hacer lo que quiere). Son ochenta euros, dice Curro –pequeño, con ojos como música-; son ochenta euros dice una mujer no nacida en este pueblo, ni en el anterior, ni en ninguno de los pueblos que por aquí se tienden a secar.
La difusa sombra que lleva mi nombre se desliza entre velas, plátanos y guerreros sin contienda. Ajeno, tranquilo, anocheciéndome sin sueño, pensando tal vez en el silencio que sin duda debe guarecerse un poco más allá del gran hermano, ese que golpea el tambor con mística e incomprensible saña; hermanándome yo también con todos los perros verdes, los árboles de Navidad y los coleccionistas de bolsas de azúcar (una boca azul, como un sexo cuyo cielo fuese real, nos observa sin otro fin que amanecer; en un rincón una vela roja pincela levemente los ávidos trazos de un deseo que gustoso cedería algo de trascendencia para obtener un poco de terrenal  e inmediata satisfacción).

Harold Brodkey



Uno ya pertenece por entero a la naturaleza, al tiempo; la identidad era un juego.

(Esta salvaje oscuridad)

jueves, 22 de noviembre de 2012

Impreciso territorio



Nací, como tantos, en los alrededores de la ignorancia. Luego, con el tiempo, conseguí establecerme definitivamente en ella quedándome a la espera de algo que, en realidad, nunca supe ni sabré que era. Por si esto fuera poco, a mi madre no se le ocurrió otra cosa que parirme justo en ningún lugar. Es un sitio difícil de ubicar, a no ser para aquellos que estén acostumbrados a los viajes quietos y a los mapas ciegos. Para ser más preciso diré que ni el norte ni el sur le dan cobijo; para ser más exacto insistiré en que ni el este ni el oeste le dan amparo. Y luego, claro está, pasa lo que pasa: algunas mañanas me duelen las muelas en Zanzibar; apenas unas horas después, con el sol alto y un poco de suerte, me sonríe esa mujer con ojos de niña en una cafetería deslustrada de Almendralejos; al anochecer no es infrecuente que mastique despacio angustia y sal bajo las lunas distintas de Sant Pol de Mar. 


(A los ociosos que anden en curiosidad sin malicia, les digo que en ese vete a saber -impreciso territorio que nadie ha conseguido cruzar dos veces por el mismo sitio- no hay banderas pero si esquinas, infinitas luces, siempre distintas, y algunos cementerios. Es comprensible que geógrafos e historiadores lo ignoren y que a todos los que insisten en ser de aquí o de allá, les provoqué irritación, psoriasis y desconcierto).

Refrigerados


Refrigerados 
para postergar el gusano
en nuestro frigorífico 
inaudito y multiforme. 
Refrigerados
y a la espera de algo 
que, por no saber,
ni siquiera 
sabemos nombrar.

François Fénelon



¡Servicios! !Talento! ¡Mérito! ¡Bah! Formad parte de una camarilla. 

 (Aventuras de Telémaco). 

jueves, 15 de noviembre de 2012

Extrarradio




Propongo establecerse en el extrarradio de todos los lugares con nombre. A ver si de una puta vez conseguimos que amanezca.

Pájaro muerto


Te agradezco a ti, 
pájaro muerto,
la paz que me das. 
Y es que a pesar de ser yo 
mucho más torpe, 
consigo entrever, 
en tu definitivo abandono, 
una señal precisa, 
un claro mensaje, 
de risa y serenidad.  

André Breton




La poesía se hace en el lecho como el amor / Sus sábanas desechas son la aurora de las cosas / La poesía se hace en los bosques / El abrazo poético como el abrazo carnal / Mientras duran / Prohiben caer en la miseria del mundo.

  (Poemas)

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Mi padre



Miro a mi padre y los recuerdos se esperan, pacientes, a que les haga la señal convenida para entrar en escena. La sala está vacía aunque la expectación es enorme; el silencio murmura las cosas que ya nunca se dirán. Luego, con un poco de suerte, quedará algo de ternura y un par de sonrisas cruzadas en el momento justo. Mientras todo esto es apenas un tal vez casi hermoso, él anda a pasitos muy pequeños por un comedor infinito, un comedor con cuatro horizontes y la sombra de un viaje vulgar y fascinante, quieto y circular, agazapada bajo la mesa.

(Para mi amigo Nán, que me empujó con cariño y amistad desde su precisa y querida bitácora) 

El pobre diablo


El pobre diablo 
militaba en la verdad. 
También es cierto 
que esperaba por ello un premio, 
pero era sólo por esperar. 
Algunos domingos, 
a eso de las doce, 
negociaba con Dios un intercambio 
de dudas por eternidad.

Roland Barthes



Como una mala sala de concierto, el espacio afectivo tiene rincones muertos, donde el sonido no circula. El interlocutor perfecto, el amigo, ¿no es entonces el que construye en torno nuestro la mayor resonancia posible? ¿no puede definirse la amistad como un espacio de sonoridad total?

  (Fragmentos de un discurso amoroso)

miércoles, 31 de octubre de 2012

Deicidio


Cargó minuciosamente su desamparo. 
Aún se escuchaban las últimas cosas del disparo
cuando Él 
cayó fulminado.

Juan García Hortelano




No me importaría morir con aguacero, / pero carezco de paraguas [...] No me importaría morirme, / si fuera sólo por las mañanas. / Y no todas las mañanas [...] No me importaría morirme, / si la muerte no fuera una cosa muy seria [...] Si mi trabajo estuviese bien remunerado, / no me importaría, por mis herederos. / Pero con tal sueldo basta apenas / para ir tirando vivo. 

 (Echarse pecas a la espalda)

jueves, 25 de octubre de 2012

Apuntes de metafísica porcina



Un gancho en el cuello sirve para sacarlo del sueño y de la pocilga. El animal muestra su absoluta disconformidad ante semejante despropósito -nadie le ha dicho que su breve eternidad pasaba por un cielo de morcillas, jamones y salchichas-. Ante su lógica y enérgica protesta, una confusión de manos lo inmovilizan en un banco de madera.  El desacuerdo ya es total; el cerdo, a pesar de no saber que cosa es ser un cerdo, no tiene la menor intención ni deseo de dejar de serlo. Ahora es un cuchillo el que busca el cuello. El disgusto ya es desesperación y agonía. Rítmicamente, la sangre se precipita como si viniera huyendo de no se sabe que angustia, que peligro, que largo cautiverio. El cerdo patalea furioso aunque ya se sabe muerto. La respiración se entrecorta, se hace arrítmica, espasmódica, para derivar enseguida en un par de ronquidos secos que darán paso a una enorme indiferencia. Para esos hombres, que entre risas y gestos previsibles se cuentan hazañas vividas o soñadas, el animal era desde su nacimiento un embutido a la espera, por lo que su degüello apenas es un paso más en ese destino alimentario. 
No muy lejos, otros dos cerdos presienten su humilde cadalso; tal vez ya perciben que la mañana se presenta fría y extraña, última sin duda. Con las tres muertes –la muerte no suma ni resta, sólo iguala una cifra inexistente, exacta en su imposible representación- expuestas en el callejón estrecho y empinado por el que serpentea la sangre, lo que sucede se va concretando, posicionándose, en esa voluntad lumínica a la que llamamos día. 
Alguien rocía con alcohol el cuerpo, a cada instante más grotesco, del cerdo y le prende fuego. Una llama azul lo envuelve como si se tratara de una breve santidad, un áurea expandida de energía y bondad gorrina (antiguamente el pelo ahora chamuscado se aprovechaba para hacer cepillos de dientes –léase “La halitosis en el medio rural”- y otras cosas curiosas e increíbles, haciendo cierta la aseveración de que del cerdo se aprovecha casi todo y del hombre casi nada).          
Otras manos, de forma rápida y enérgica, rascan la piel del animal para desposeerla de toda adherencia impropia. Luego el agua hirviendo lo dejará en un estado cercano a la pureza, algo muy parecido a una inocencia epidérmica. Trasladados a lo que sería la reminiscencia de un quirófano sin pretensiones, antigua casa cuartel de la Guardia Civil (no seré yo quien caiga en la fácil tentación de otorgar un sentido a lo que no pasa de ser una casualidad), un joven diestro en las artes del destripe, dirige y en gran medida ejecuta la disección de lo que a todas luces ya está más cerca de la mesa que de la muerte.
Abierto por la tripa, en canal, el cerdo pierde las formas y se convierte en una masa de vísceras y grasa humeante. Ondulaciones rosadas, violáceas, pequeños lagos de sangre de color rojo oscuro, configuran un paisaje obsceno, casi sensual en su absoluto abandono. Uno a uno los grandes órganos se irán arrancando: un hígado sobrecogido, un corazón obstinadamente quieto, unos pulmones tediosos, un estómago confuso; luego vendrán la columna vertebral, las costillas, las patas, convertidas en paletillas o jamones, la piel, hasta desintegrar lo que hasta ahora se llamaba cerdo y ahora ya es despensa.
A estas alturas el animal ya es una dispersión casi cómica; en realidad, ya no hay quien le aguante la mirada. Un solo ojo observa sin rencor la ruina de ese ser que hasta esa mañana lo animaba. Sus vísceras aun calientes, su vejiga violentada, sus pezuñas, su corazón a la espera ya infinita; su apetitoso infierno de sopas y fritangas; su breve felicidad de puerco sin yo para siempre cercenada. 
Todo a terminado; encima de una mesa las tres cabezas contemplan el desbarajuste con ojos desorbitados. El olor de la carne aún caliente se mezcla con la de los trozos que se han puesto a hervir en una marmita de hierro. No es repugnante, si un poco dulzón y alejado aún de lo apetitoso. Con la carne picada las mujeres empiezan a preparar en barreños de vivos colores el mondongo. De estas mezclas, en función de la procedencia de la carne y de los condimentos, irán configurándose los diferentes tipos de embutido. Morcillas, hechas con sangre y pan, salchichas, chorizos y otras pitanzas que dan sentido y razón, explican y cohesionan, toda esta metafísica porcina.

Y es que un cerdo es algo admirable: no tiene ideologías, tiene jamones; no persiste en el recuerdo, sino en la despensa. Un cerdo es ante todo humildad nutriente.

(Hecha la prueba de cambiar, allí donde figura en el escrito, la palabra cerdo por la palabra artista, un servidor ha podido constatar que los resultados no han sido del todo insatisfactorios. Prueben ustedes, si así lo desean, y ya me dirán.)

jueves, 18 de octubre de 2012

Jorge Luis Borges



"Escrituras de luz embisten la sombra, más prodigiosas que meteoros. / La alta ciudad inconocible arrecía sobre el campo. / Seguro de mi vida y de mi muerte, miro los ambiciosos y quisiera entenderlos. / Su día es  ávido como el lazo en el aire. / Su noche es tregua de la ira en el hierro, pronto en acometer. / Hablan de humanidad. / Mi humanidad está  en sentir que somos voces de una misma penuria. / Hablan de patria. / Mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja espada, / la oración evidente del sauzal en los atardeceres. / El tiempo está  viviéndome. / Más silencioso que mi sombra, cruzo el tropel de su levantada codicia. / Mi nombre es alguien y cualquiera. / Paso con lentitud, como quien viene de tan lejos que no espera llegar." 

(Fervor de Buenos Aires/)

El calamar


Es sabido que el calamar, como el escritor, suelta tinta para escapar de sus feroces depredadores, pero que a diferencia de este, su obra -a la del calamar me refiero- aguarda en el ámbito de lo posible que no será; esas obras que pertenecen al inabarcable género de lo nunca escrito; aquello que jamás se ha dicho ni se dirá. No es improbable que curiosos y eruditos languidezcan por los pasillos de esa  biblioteca donde esperan los  libros que nadie escribirá. 

Camarón de la Isla



Chicharra que agoniza de verano, 
que rompe el verano en mil pedazos 
para proclamarse verano. 
Queja profunda 
por todo ese inmenso dolor
que no sabe donde doler.

viernes, 12 de octubre de 2012

Eugenio Andrade



"No soy un hombre de partido, me niego a pensar por cuaderno de encargos, como decía Pessoa. La izquierda a la que pertenezco rechazará siempre la iniquidad y todas las formas de represión; tendrá en cuenta las nuevas realidades, no sólo del hombre con el hombre, sino también del hombre con las cosas; redistribuirá con mano justa no sólo los bienes de la tierra, sino también las verdades y los poderes. A la izquierda a la que pertenezco sabrá que una de esas verdades es el cuerpo, que uno de esos poderes es el deseo. Y nunca olvidará que el hombre tiene derecho al placer."

La contundencia de lo inútil


Leo mientras espero: “Se necesita mecánico planchista a tiempo parcial” y me distraigo pensando que tal vez el tiempo, imparcial por esencia y costumbre, sólo favorece a los planchistas y algún que otro cirujano plástico. Una mujer con cara de fístula me indica que pase allí; miro “allí” y constato que los destinos son diversos dada la indeterminación del “allí” y la desgana del “pase”. La cola la configuran una diversidad de ociosos: algunos jóvenes, otros decrépitos, unos pocos obesos, los menos escuálidos y también dos peruanos. En la espera lineal se confunden y enzarzan agresiones diversas: perfumes hirientes, cinturones blancos de plástico, moldeados “rigor mortis”, una mujer con un pañuelo cubriendo lo que se supone debe de ser una cabeza, niños diversos, indeterminados, sin origen ni procedencia aparente, y todo ello aderezado con una densa capa de sonidos, algo parecido a la grasienta piel de un animal sin contornos a la espera de una creación más que improbable. Pase a la mesa número nueve; pase a la número tres; pase a la número siete; espere en la número seis (un leve reflexión sin viaje ni destino se me posa en la nariz: la burocracia es el pulpo de la acción, la mentira de la eficacia, la brutal contundencia de la inutilidad). 

Edith Piaf



Amante de una ciudad cansada, 
desde el cuartucho de tu frágil tristeza 
cantas a todo lo que siendo aun, ya fue.

sábado, 6 de octubre de 2012

Roberto Bolaño



"En un universo donde los rectángulos son impensables".

(Los detectives salvajes)

La tiranía del color


En París he visto criadas negras paseando niños blancos por los verdes parques en una tarde gris. Es necesario denunciar esta tiranía del color; es de justicia alterar este orden social cromático hasta conseguir, por ejemplo, que criadas blancas paseen niños grises por los negros parques en una tarde verde. Ignorar al amarillo, dudar del rojo, descreer del azul, algo ineludible, conveniente y saludable. 

Te pregunto

¿Quién crees que llevará el recuento 
  de todos los pájaros muertos?
¿Quién crees que aliviará el cansancio 
  de las tizas en los colegios?

sábado, 29 de septiembre de 2012

Saurios de papel maché


El artista, si supera su propio "virtuosismo", su propia "genialidad", no se convierte en un creador sino más bien en un paciente y tenaz arqueólogo de la perplejidad –la que nos provoca el ver por vez primera lo que siempre ha estado allí-. De no ser así corre el riesgo de convertirse en un farsante atrapado en su nombre y apellidos, un saurio de papel maché deslumbrado por su propio sol.

Cuento para niños que le temen a la muerte


Hace un rato un mosquito me picó. A ese mosquito una golondrina se lo ha cenado. Ahora ya sé volar.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Se quedó con la tristeza


El paisaje, quieto de grises y ordenándose sin prisas en noche, le hizo algunas propuestas. Él se quedó con la tristeza porque le pareció más manejable.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Escribir


Escribir es una quimera que consiste en dar forma a lo que se ignora;  manejar lo que no se entiende, moldearlo, hasta conseguir que no tenga forma alguna y a la vez las contenga todas. 

La muerte y la risa


Tal vez la muerte y la risa tengan algo que ver; tal vez en algún punto se lleguen a tocar. La muerte como una risa contenida, sin duda la más explosiva.

martes, 18 de septiembre de 2012

Comunicado de separación amistosa.


Hace ya algún tiempo que zarandeo este árbol, sin complacerme excesivamente en ello para evitar los consabidos desengaños, por ver si algún fruto tiene la bondad de precipitarse. Desde el principio intenté que bajo sus ramas luz y palabras se apareasen libre y gozosamente, y que de esa relación nacieran saludables y precisos retoños. Pues bien, con el tiempo he de admitir que hay cariño y voluntad, pero que ambos cuerpos me piden horizontes distintos. La Cua del Diable insiste en querer decir lo que le plazca, sean palabras propias o ajenas las que llamen a su puerta, sin que ninguna imagen la condicione; y en el otro rincón las fotografías quieren mostrarse con el texto puesto, es decir, siendo luz que dice sin que palabra alguna las acompañe en su particular propuesta. Dada la situación, y a la espera improbable de que las aguas vuelvan a su cauce, entenderán que haya decidido adecentar una habitación para cada una. 
En la querida lacuadeldiable.blogspot.com se cobijaran las imágenes escritas; en la recién nacida josepvilaplana.blogspot.com lavaran su ropa los textos de luz. Decidida esta separación amistosa, sólo me cabe agradecerles con todos mis corazones -siempre me ha parecido absurdo el singular aplicado a dicho órgano- a todos aquellos y aquellas que de forma misteriosa e incomprensible insisten en visitar mis desconchadas esquinas, su amistad y compañía.

Un abrazo de montaña -también una montaña de abrazos-.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Sed de eternidad


Nadie le creía cuando proclamaba su insaciable sed de eternidad. Con el tiempo, y ante semejante evidencia, los más amigos y los menos orgullosos dieron por irrefutables sus razones.

Sentadito al sol


Escindido de todo lo que se nombra sin el debido silencio; sentadito al sol de lo que para nada sirve y es del todo necesario.

jueves, 16 de agosto de 2012

Marlow les contará


No es difícil de ver como una luz sucia y desganada se vierte despacio por los ventanales de la taberna. Ustedes deciden el puerto. Tal vez la tarde no venga del todo indiferente y Marlow esté sentado en un rincón fumando como suelen hacerlo los que gustan de las palabras y el recuerdo. Pongamos que tiene ganas de hablar y habla. Quien mejor que él para contarles, a su manera, que esa mañana no anduve metido en miedo sino en sereno pensar y decidir. Les dirá que el barco se escoró rápido y que la vía de agua era tremenda; que ni por un momento dudé de que a ellos los salvaría el amor, a este su inquebrantable fe y a los perros su divina ignorancia. Con la suave rotundidad del que mucho ha vivido, confío en que no ha de constarle un gran esfuerzo convencerles de que mi única salvación era poder contar lo sucedido. Ningún escritor debería recriminarme que a codazos me hiciera con el salvavidas y saltase. El cuento se publicará, Dios mediante, a primeros de febrero.

viernes, 3 de agosto de 2012

El subsidio de Dios


Y al sexto día, ignorando espejos y asesores, Dios creo el hombre a su imagen y semejanza para que dominara sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven en ella. Y al séptimo día descansó y sobre las once y media del octavo día recibió la carta en la que se le comunicaba el despido por flagrante delito de prevaricación y mal gusto.

miércoles, 4 de julio de 2012

Sé; tapizan.


Al contrario de los de siempre, que les dio por adquirir una sólida estupidez en primera linea de mar, él decidió saber. Ellos que tapicen, afirmaba socarrón, que cuando terminen yo me sentaré.
Anagrama ha comprado los derechos y sus acerados aforismos se publicaran en breve.

domingo, 24 de junio de 2012

De ángeles y lenguados



Que los ángeles tengan alas y compartan, en grácil e ingrávida armonía, cielo y bondad con los pájaros, es algo que goza de irrazonable aceptación y consenso.Yo era uno más entre esos muchos hasta que la gaviota atinó. Sucio de rencor, ando con el convencimiento de que un lenguado jamás se hubiese atrevido. No ha de parecerles extraño que desde hace algunas noches, al juntar mis manos en fervoroso y sobrecogido silencio, murmure: lenguado de la guarda, dulce compañía, no me dejes solo ni de noche ni de día.

martes, 19 de junio de 2012

Se sorprendió silbando



Se levantó sólo por costumbre y sin coraje. A eso de las diez ya le dolían el silencio y las paredes sucias. Con una falsa determinación se propuso hacer esto y aquello, cualquier cosa que le permitiera esbozar un perfil y alejarse de lo incierto. A las doce y diez -y veinte si tenemos en cuenta que su reloj sabía mas de cansancio que de precisión-, encontró el libro. El azar, o cualquier otra ficción, dispuso que su mirada se detuviera en una frase: este libro no está escrito y tú no lo estás leyendo. Luego le pareció escuchar una risa o tal vez sólo fuera un poco de luz jugando con las sombras. Cuando doblaba la esquina de la calle Montcada con Princesa, se sorprendió silbando.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Orgía -toma uno-


Son amantes del orden y escritores. No es improbable que los más escasos, los más poetas, incluso hayan escrito algún poema; no es imposible que los más numerosos se afanen para engordar el olvido. Disfrutar -en ese todos contra todos- lo que se dice disfrutar, no disfrutan, pero lo que si es cierto es que se hacen mucha compañía. Aunque corren rumores de que hace un par de días un filósofo tuvo un espasmo de tapa dura al rozarse con un libro de bolsillo -malas lenguas más la envidia insisten que de Pemán-, por lo general, en estas elevadas orgías literarias no sucede nada que no se pueda publicar.

Orgía -toma dos-


Vamos a ver si somos capaces de organizarnos con un mínimo de eficacia, insistía una de ellas. Vosotras mismas, balbucía otra entre imperceptibles jadeos, pero a las siete una servidora tiene que llevar al niño a catequesis. Y por si fuera poco, el imbécil de Kent sin aparecer, clamaba la más lasciva. No les quepa la menor duda de que esa tarde, de haber sido posible un pensar, el consenso se hubiese presentado sin fisuras y en términos parecidos a los que siguen: mejor sería haber asistido a la conferencia de Rouco en donde habló de la familia, de como aliviar las almorranas y del feo vicio que algunos tienen de invocar a Dios cuando fornican.

Orgía -toma tres-


Hartos de hacer como que jugaban, probaron con el juego de quererse de forma educada, es decir, olvidándose de cualquier educación recibida. Al principio todo iba bien, pero un mal día el imbécil del caballito decidió que ese era un buen tema y para qué contarles. Una enorme plaga de frígida flacidez abatió los campos. Ni el hombre araña se salvo de los efectos devastadores de la exitosa teoría del amor que el zarrapastroso zopenco alumbró.

Orgía -toma cuatro-



Vox Populi: se sabe desde siempre que a la Bota le pone el Botín y así sucesivamente. Desbocada anda por sus cordones, sin control. Otra cosa muy distinta es el quiero y no puedo del elegante Mocasín. Acostumbrado como estaba a las suaves alfombras inmobiliarias, esta el pobre que no levanta plantilla entre tanta forzada ociosidad. Pero en lo que todos coinciden es en maldecir a los innumerables pies. La mentira de un ir y venir disfrazado de futuro y el posterior y contundente olvido, esta ha sido la crónica en titulares de lo que a los pobres zapatitos les ha sucedido. Como es natural, en esta orgía los desganados besos son de cansancio y los precipitados orgasmos de tristeza.

lunes, 14 de mayo de 2012

Sesenta y dos kilos


Solía decir que sesenta y dos kilos son muchos si les sumas la soledad y muy pocos si les restas el hastío. Pero lo que sin duda más le gustaba era comprobar los kilos que no pesaba. En esa cifra sin fin, insistía, se agazapa la esperanza y de alguna forma la eternidad. Es algo así, le arguya a su peluquera que seguía sin entender nada, como el peso de lo todavía posible. Esa tarde, a la pobre chica, hablando, hablando se le fue la mano con el tinte.

Reutilízame


Pidió un café con leche con sacarina, mínimo y rutinario anclaje para no rodar cuesta abajo, y se puso a esperar. A pesar de que el mensaje era claro, ni ella ni nadie lo quiso escuchar.

miércoles, 25 de abril de 2012

De cara a la pared


Por saberte la lección y desconocer la materia.
Por leer sin titubeos de izquierda a derecha y de arriba a abajo.
Por la inveterada costumbre de masturbarte sin saber nada de ti.

De cara a la pared


Por rezar en los prostíbulos y confundir a Dios con un espasmo.
Por darle crédito a la muerte retozando con los calendarios.
Por decirle a ella que la quieres sabiendo de antemano el para qué.

De cara a la pared


Por utilizar papel olvido para las precisas anotaciones del desamor.
Por usar paraguas de pastor cuando lloviznea felicidad.
Por cerrar a las cinco tu frágil y ruinoso comercio de alegría.

De cara a la pared


Por dejar que a menudo tus cosas se olviden entre sí.
Por evitar el sol imperfecto de lo todavía posible.
Por no saber de qué lagartija eres el rabo cortado.

sábado, 14 de abril de 2012

Esta es una no historia




Es posible que sólo fuera un poco de tristeza sin nadie a quien entristecer. Recuerdo perfectamente que alrededor de esta no historia llovía, pero sin ganas.

La costumbre de fumar


Hacía ya algún tiempo que le habían quitado la brasa. Habiéndole dejado absurda la costumbre de fumar, le dio por toser y mirar atrás.

domingo, 1 de abril de 2012

Las cosas que no habían sucedido


Solía comprar ese diario porque en él sólo se publicaban las cosas que no habían sucedido. Cuál no sería su sorpresa esa mañana al leer en los titulares su nombre.

A los dioses se les ve la bamba



Hace ya algún tiempo que a los dioses se les ve la bamba por debajo de la eternidad. De acuerdo salvémonos, dicen los afectados, pero con un poco de estilo y un mínimo de comodidad.

Absurda final


En el minuto ochenta y ocho, a dos del final, se percató de que desde el inicio faltaba la pelota. Entenderán que el empate era inevitable en esa absurda final sin prórroga.

Huelga general


En menos de cuarenta y cinco minutos, averiguar cuál de estos tres personajes secundó la huelga general.

lunes, 19 de marzo de 2012

Todos eran él sin serlo


Al percatarse de que en esa confusión de muchos sin nadie todos eran él sin serlo, se arrebujó definitivamente en el hueco de la ficción para masticar a solas soledad.