viernes, 27 de enero de 2012

Ruinas del amor













Sólo era una vulgar estantería para el cuarto de baño. Técnicamente no tenía ninguna dificultad: taladro, cuatro agujeros y sus correspondientes tacos, cuatro tornillos para fijar los soportes y una tabla de madera. Pues bien, entre una pequeña grieta casi imperceptible y la declaración del edificio en ruina apenas transcurrieron un par de meses. Nadie se explica lo que sucedió. Se querían tanto.

Ruinas de la verdad












Siempre entraba y salía por la misma puerta y a la misma hora. A ese estrecho callejón de la rutina lo nombró Avenida de la Verdad. Luego, cuando el edificio entero amenazaba ruina, se le ocurrió la peregrina idea de tapiar la única salida estando él dentro.

Ruinas de la juventud













Los más asustados insistían en que no eran ruinas sino recuerdos, pero era evidente que cuando los pájaros cantaban las nubes ya no se levantaban -lo que no cesaba era el ruido de cristales rotos en la desolada estación bajo el jodido aguacero (o si lo prefieren, chaparrón)-.

Ruinas de la amistad













La tarde en la que el edificio se les vino abajo les faltó la risa y en todas las tardes que la siguieron les sobró el orgullo.

lunes, 9 de enero de 2012

Agosto y la humedad













Nada más verla me llamó la atención. Era evidente que tarde o temprano alguien vendría a buscarla y a pesar de ello desprendía una cierta sensación de desamparo, de soledad. Agosto y la humedad no tardaron en poner el resto. Me acerqué con mi peor sonrisa y me senté a su lado. Creo que nadie me vio pegar mis labios a ella. No me sorprendió que al llegar la noche su recuerdo se cobijara en mi desvelo y es que sólo le faltó un poco de limón para que el instante se proclamara perfecto.

Ultimos días













Los últimos días decidió ofrecerlo todo a mitad de precio, pero no tuvo en cuenta la dificultad que tiene el calcular la mitad de precio de nada.