viernes, 27 de enero de 2012

Ruinas de la amistad













La tarde en la que el edificio se les vino abajo les faltó la risa y en todas las tardes que la siguieron les sobró el orgullo.

8 comentarios:

N Ó M A D A dijo...

Como siempre, me dejas pensando. Qué frase tan redonda.
Saludos!

Josep Vilaplana dijo...

Como siempre, me dejas coontento y agradecido por saberte en esta esquinita.

Un abrazo, Nómada.

Isabel dijo...

¡Qué extraña belleza la de las ruinas!

Y ¡qué bella frase la tuya!

Voy a seguir este recorrido tan sugerente que nos traes.

Besos.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Lo mismo debió de pasar en todas las demás estaciones, quizás.

Un abrazo

Josep Vilaplana dijo...

Tal vez, Isabel, la belleza de las ruinas viene dada por lo que dicen en silencio, por lo que callan de forma tan estruendosa. A un servidor, contemplar las ruinas suele limpiarle la mirada.

Contento de saberte por estos andurriales, Isabel.

Besos de montaña.

Josep Vilaplana dijo...

Sin duda el tiempo no distingue entre humildes apeaderos y grandes estaciones. La única diferencia es el tamaño de los cascotes.

Un abrazo intemporal, José Luis.

NáN dijo...

cuántas veces serían cruzadas esas puertas sin saber, como ahora, lo les aguardaba.

Josep Vilaplana dijo...

Ahora las debe cruzar el viento para ir a cualquier parte y que mas da...(rarito que es uno, pero a mí las ruinas me tranquilizan).

UIn abrazo reconstruido, Nán.