viernes, 27 de enero de 2012

Ruinas de la juventud













Los más asustados insistían en que no eran ruinas sino recuerdos, pero era evidente que cuando los pájaros cantaban las nubes ya no se levantaban -lo que no cesaba era el ruido de cristales rotos en la desolada estación bajo el jodido aguacero (o si lo prefieren, chaparrón)-.

6 comentarios:

Isabel dijo...

Hay un libro de Rilke en el que evoca las imágenes de la vida pasada en una casa en ruinas a partir de los trazos en la pared, te pongo una frase que me gusta:

"Allí estaba el dulzón y largo olor de los niños de pecho descuidados, la angustia de los escolares..."

José Luis Ríos Gabás dijo...

Sabes encontrar estas cosas, y darles sentido, Josep.

Un abrazo

Josep Vilaplana dijo...

Que cites a Rilke en esta esquinita de quita y pon es todo un placer. Imposible el desacuerdo. Las casas en ruinas son biografías cansadas que el tiempo desbarata entre hierbajos y olvidos. Serenidad y tristeza a manos llenas.

Un beso agradecido, Isabel

Josep Vilaplana dijo...

Puro vicio, mi querido amigo; una gula nunca satisfecha de luz y palabras.

Un abrazo enorme.

Laura dijo...

Les ruïnes, l’essència del que va ser.
Fantàstica aquesta sèrie, m’agrada moltíssim.
Petons.

Josep Vilaplana dijo...

Completament d'acord. L'essència del que va ser i, com a tal essència, allò que millor ho defineix. Tot i res.

Un petó sense runes.