domingo, 19 de febrero de 2012

Tajo y olvido


El martes se levantó un poco nacionalista pero a eso de las diez se le pasó. Como cada mañana, buscó la tranquilidad de su colonia de siempre y salió a la calle sin ninguna opinión. El sol le puso sombra y un amigo nombre. Unos vinos y las cosas que se dicen por costumbre pactaron la tregua hasta que al salir del bar, sin previo aviso, una nube le dio el tajo y olvido. Pronto se supo que ya no estaba en ningún sitio, por lo menos eso fue lo que me dijo su sombra, con la que estuve hablando un buen rato cuando él ya se había desvanecido.

8 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

Tiene tanta interpretaciones el texto que leo y vuelvo a releer desde hace varios días...

La sombra, a mi entender, es la que más sabe de nosotros. La que sabe y la que calla cuando debe.

Buenas noches

Josep Vilaplana dijo...

Si fuésemos capaces de entender que nuestra sombra nos habla de otra sombra, que la consistencia, la materia que las constituye, es la misma, tal vez seríamos mejores. Esa nube se lo lleva a él y deja intacta su sombra para que podamos charlar un rato.

Tienes razón al afirmar que la sombra es la que más sabe de nosotros y creo que el motivo es lo mucho que compsrtimos, lo mucho que nos parecemos.

Gracias por reseguir mi sombra, Aquí me quedaré.

Aquí me quedaré... dijo...

Hola de nuevo.

Mejores ¿Referente a qué, a quien?

Tuve, afortunadamente, una buena sombra con la que conversar y compartir. Siempre seré parte de esa sombra. No puedo ser mejor de lo que soy. Aquella sombra me enseñó al Vizconde Demediado. Todos llevamos dentro lo mejor y lo peor.

Tu niña, siempre tendrá una hermosa sombra y en los, irremediables, momentos malos que la vida siempre ofrece la buscará y estará ahí.

No sé si es a ello a lo que te refieres.

Dicen de mi, a veces, que soy críptica.
No te quedas atrás, no.

Saludos

Josep Vilaplana dijo...

Creo que padecemos de un “exceso” de corporeidad, esa falsa consistencia que nos aísla y nos hace “demasiado” tangibles.
De todas formas, no me hagas mucho caso (si maniobrara mi autocar de la misma manera que “maniobro” mis dudas, no ganaría para planchistas).

Aquí me quedaré... dijo...

A vuela pluma
¿Conduces un autocar?
No puedes imaginar el miedo que les tengo.

Aquí me quedaré... dijo...

Ay...
Es que me has enganchado con la sombra.
Fíjate que creo que no padecemos exceso. Por mucho que mostremos o que creemos que mostramos, la sombra es superior a todo ello.
Es probable que nosotros mismos desconozcamos su tamaño y su fuerza o poderio.

Perdona si molesto. Poder "conversar" sobre una entrada, me fascina.

Buenos días

Josep Vilaplana dijo...

Pues sí, hace unos años decidí dedicarme a conducir autobuses, una forma como cualquier otra de cuidar a la gente, de viajar siendo a la vez viaje; una forma sencilla pero necesariamente precisa de bailar –conducir un autocar requiere algo parecido al “ritmo” y al “equilibrio”-..
Por lo demás, nada que perdonar y mucho que agradecer. Conversar contigo, aunque no sea de la forma en que más me gustaría (con un café delante y la mañana alrededor), es todo un placer. Sin duda, la sombra –una luz distinta- da mucho de sí.

Seguiremos….

Un abrazo.

Aquí me quedaré... dijo...

Viajar siendo viaje ¡Qué bonito!
Mil fotos. Mil historias y muchas cosas para recordar.
Bailar la vida.

Seguiremos...

Otro abrazo