domingo, 11 de marzo de 2012

La carrera


A pesar de que la salida fue algo lenta se veía a venir que la carrera sería espectacular. El silencioso consenso se dio a partir de la décima vuelta: el record era posible. En treinta y siete libras se paró el marcador (para celebrarlo, desde la insignificante gradería se murmuraron palabras: algunas soeces, groseras otras, todas muy precisas, ninguna del todo inapropiada).

6 comentarios:

VERONICA LEONETTI dijo...

Aunque ya se tenga la intención, y ya se sepa lo que va a pasar... no siempre se ve venir ese no silencio.

Isabel dijo...

Invalido no parece, pero algo miope...

Me imagino el disfrute del fotógrafo.

Besos.

Isabel dijo...

Por correr como el del coche para ver si entraba el comentario me he comido el acento de inválido.

Josep Vilaplana dijo...

Para ser sincero, no fue este el taxista que decidió cobrar la carrera a precio de gamba pelada, pero me pareció oportuno fotografiarlo dada la simbiosis casi perfecta que tenía con la publicidad del vehículo (te hacía dudar de si se trataba de un taxista atleta o de un atleta taxista). Lo que no hay duda alguna es de que se trata de poco más que una tontería.

Hoy, Verónica, me apetece enviarte un poco del silencio que crece en estas montañas por las que transcurro.

Josep Vilaplana dijo...

Estaba esperando a que se pusiera el semáforo en rojo, aunque a decir verdad parecía estar esperando el pistoletazo para salir corriendo dejándose el taxi atrás. Confieso que me gusta perseguir con mi cámara, sazonándolo con un pellizco de ternura y otro de ironía, las cosas absurdas que suceden. Confieso que me gusta saberte por estos páramos sin ton ni son.
Un beso, Isabel.

VERONICA LEONETTI dijo...

Silencio recibido.
Por cierto que, las canciones sobre el silencio son de las más bonitas.