miércoles, 25 de abril de 2012

De cara a la pared


Por saberte la lección y desconocer la materia.
Por leer sin titubeos de izquierda a derecha y de arriba a abajo.
Por la inveterada costumbre de masturbarte sin saber nada de ti.

8 comentarios:

NáN dijo...

Como poner de cara a esa pared es tan bonito, te perdono que nos pongas ese castigo colectivo, porque, ¿y quién no?

Josep Vilaplana dijo...

Recuerdo la pared, siempre desconchada, siempre sucia, y dos gruesos libros, uno en cada mano. Recuerdo que no había casi nada digno de recordar y a pesar de ello siempre ha formado parte de mis recuerdos.

Un abrazo, Nán.

Aquí me quedaré... dijo...

Odié El Quijote, hasta que fui mayor.
Primero porque no lo entendía y segundo porque era el libro favorito de aquel maldito profesor que siempre me ponía un tomo en cada mano de rodillas y cara a la pared.

Un abrazo

Josep Vilaplana dijo...

Esa noche de las inteligencias; esa caspa que renace, cual ave Fénix, de sus propias cenizas; esas miserias del cuerpo y de la mente que de alguna manera nos des configuraron…
Sin duda se merecían que el mismísimo Alfonso Hijano los hubiese embestido con su lanza cual molinos de estupidez.

Un abrazo, Aquí me quedaré, y gracias por pasarte por esta callecita.

Aquí me quedaré... dijo...

Nos des-configuraron y nos con- figuraron
¿Cuánto queda en nosotros de aquellos tiempos?
¿De cuanta caspa nos hemos despojado?
Ahí, entre los pliegues, queda alguna. Seguro.

Sí,sí...Alfonsito Hijano, debería

Dicen que en los colegios de curas o de monjas era `peor.

Un abrazo

Aquí

Josep Vilaplana dijo...

Yo estuve, hasta los trece años, en “manos” de clérigos. Luego, tal vez por fortuna, me retiraron una beca que tenía y me puse a trabajar. De esos tiempos, desdramatizando un poco la cuestión, recuerdo la sombra del “todo es pecado” y el olor a “rancio”. También recuerdo los lamparones de algunas sotanas y el enorme muro que separaba el patio de la calle.
Parece mentira pero ahí los tienes, después de cuarenta años, erre que erre con lo suyo por encima de todos; pintando la raya del bien y del mal sin despeinarse un solo pelo; disculpándose levemente cada cien años por los “errores” cometidos.

¡Qué cruz, por Dios!

En fin, un abrazo para nada casposo, Aquí me quedaré.

Gemma dijo...

Felicidades por toda la serie. Curioso homenaje a quienes fuimos en una época en que nos empeñábamos en crecer deprisa para olvidar. Tu acercamiento se revela por ello muy oportuno y considerado. Espero que tenga continuación...
Un petó fort

Josep Vilaplana dijo...

Tienes toda la razón, Gemma (también olvidábamos deprisa para intentar crecer ni que fuera un poco...).

Por lo demás, si tú me lo pides, yo continúo.

Un pe tó.