martes, 19 de junio de 2012

Se sorprendió silbando



Se levantó sólo por costumbre y sin coraje. A eso de las diez ya le dolían el silencio y las paredes sucias. Con una falsa determinación se propuso hacer esto y aquello, cualquier cosa que le permitiera esbozar un perfil y alejarse de lo incierto. A las doce y diez -y veinte si tenemos en cuenta que su reloj sabía mas de cansancio que de precisión-, encontró el libro. El azar, o cualquier otra ficción, dispuso que su mirada se detuviera en una frase: este libro no está escrito y tú no lo estás leyendo. Luego le pareció escuchar una risa o tal vez sólo fuera un poco de luz jugando con las sombras. Cuando doblaba la esquina de la calle Montcada con Princesa, se sorprendió silbando.

11 comentarios:

Isabel dijo...

Quizás busco el soplo de su voz en esa irrealidad persistente, y es un cierto alivio, porque para lo que hay que oír y leer diariamente...

Abrazo.

N Ó M A D A dijo...

No sé por qué me viene a la memoria La Historia Interminable...

A cuántos no nos duele el silencio, me pregunto...

Pablo Gonz dijo...

En su punto. Muy plástico, con su toque lírico, borgiano, francés... Más o menos por ahí van los tiros.
Abrazo fuerte, Don Quasigual.
P

Josep Vilaplana dijo...

Justo en esa "irrealidad persistente" es donde se suelen dar los alivios momentáneos, esos que nos permiten, a trancas y barrancas, cruzar la "realidad agobiante".

Un abrazo persistente, Isabel, y gracias por la visita.

Josep Vilaplana dijo...

Me gusta pasear por el Silencio. No me gusta el silencio malo, esa algarabía de nada que nos aturde y entristece.

También me gusta saberte por aquí, Nómada.

Josep Vilaplana dijo...

Conducir un autocar es como escribir pero sin posteridad. Hace ya algunas semanas que me repito esta absurdidad por ver si la acabo convirtiéndola en verdad sin fisuras y de este modo me alivio de la mala conciencia que el poco escribir me produce (últimamente, entre el volante y el sueño se reparten lo mejorcito de este, tu díscolo hermano).
Que sepas que sigo leyendo lo tuyo como romero antiguo en romería precisa; que sepas, casi yo pero mejor, que nuestras madres están más que orgullosas.

Un abrazo igual de fuerte, Pablo, y gracias por tus comentarios.

NáN dijo...

Me gusta la foto, porque me encanta mirar a los que rebuscan entre libros y ponen esa cara de atención de la degustación de un gourmet.

Podría ser perfectamente el personaje de tu cuento, tan perdido como nosotros.

Y es que el silencio es la base del pensamiento. Tengo la suerte de que mi compañera puede competir contigo en horas de autobús, lo que me da unos 150 días al años en los que no toso por no molestarme a mí mismo. No puedo equivocarme de hora porque no uso reloj, pero acostumbro a equivocarme de día para ir a un sitio (el último error fue una pasada, porque fui a la presentación del libro de un amigo el viernes anterior al del acto).

En fin, que me llevo bien con tu personaje, lo siento cercano. Quizás podríamos conversar el tiempo de tomar un café en una barra.

(Me ha encantado tu combinación).

Aquí me quedaré... dijo...

Como me gusta el sentido de pasear por el silencio...
También me gusta hacerlo.

* No tengo mucho tiempo y estoy cansada. Aunque no diga nada por escrito, vengo, leo; pienso y me voy.

Un abrazo

Josep Vilaplana dijo...

Si yo fuera escritor y padeciera el prurito de querer publicar, esperaría con ilusión tus legendarios despistes, Nán, para celebrar los dos solos, más los vinos que desearan asistir, la presentación de lo que sin duda andaría entre lo innecesario y lo impresentable.

Es más que probable que a la segunda presentación, la de "verdad", no asistiriamos ni tú ni yo.

Por lo demás, me encanta que te haya encantado.

Un abrazo de alta montaña.

Josep Vilaplana dijo...

Por lo que me cuentas, intuyo que estamos los dos en situaciones algo parecidas. Se que estas
-también yo procuro estar-. Ese saber es suficiente para andar en ilusión.

Un abrazo enorme, Aquí me quedaré...

Fali Hernández dijo...

No puedo, más que nada porque no se, la forma más apropiada de decirte en un erudito lenguaje, lo grande que eres. Por tanto, allá va la mía, nada original, pero sincera.

Eres irresisitblemente escritor. Ya sea de imágenes, o de palabras. Aunque con toda mi admiración a esas dos facetas, me quedo con el escritor de palabras.

Un abrazo