jueves, 22 de noviembre de 2012

Impreciso territorio



Nací, como tantos, en los alrededores de la ignorancia. Luego, con el tiempo, conseguí establecerme definitivamente en ella quedándome a la espera de algo que, en realidad, nunca supe ni sabré que era. Por si esto fuera poco, a mi madre no se le ocurrió otra cosa que parirme justo en ningún lugar. Es un sitio difícil de ubicar, a no ser para aquellos que estén acostumbrados a los viajes quietos y a los mapas ciegos. Para ser más preciso diré que ni el norte ni el sur le dan cobijo; para ser más exacto insistiré en que ni el este ni el oeste le dan amparo. Y luego, claro está, pasa lo que pasa: algunas mañanas me duelen las muelas en Zanzibar; apenas unas horas después, con el sol alto y un poco de suerte, me sonríe esa mujer con ojos de niña en una cafetería deslustrada de Almendralejos; al anochecer no es infrecuente que mastique despacio angustia y sal bajo las lunas distintas de Sant Pol de Mar. 


(A los ociosos que anden en curiosidad sin malicia, les digo que en ese vete a saber -impreciso territorio que nadie ha conseguido cruzar dos veces por el mismo sitio- no hay banderas pero si esquinas, infinitas luces, siempre distintas, y algunos cementerios. Es comprensible que geógrafos e historiadores lo ignoren y que a todos los que insisten en ser de aquí o de allá, les provoqué irritación, psoriasis y desconcierto).

8 comentarios:

Isabel dijo...

Bueno, al menos no había ninguna mula, es una ventaja para que no se les ocurra a tus geógrafos quitártela en tus memorias.
Yo a los cementarios no voy, eso lo dejo para más adelante, pero el otro día creí verte repetido en las cuatro esquinas de mi barrio, y eso que por aquí con el calor que hace no creo que a tu madre se le ocurriera pasar.

En serio Josep, me parece un micro excelente de los que se expanden en la mente como a mí me gusta.

Abrazo repetido.

Josep Vilaplana dijo...

Últimamente ando atendiendo a tantos frentes a la vez que no me extrañaría que ese que viste "repetido" en las cuatro esquinas de tu barrio fuera uno de mis otros "yos". En lo referente a los cementerios, a mí si que me gusta visitarlos -será porque me tranquiliza escuchar las cosas que allí se comentan-.

Que ta haya gustado esta confusa declaración de intenciones, me hace feliz.

Un abrazo doble, Isabel.

Homero Nicaragua dijo...

Qué bueno sería el desapego a la geografía; al territorio atrapado en un título de propiedad. Al menos se puede reflexionar en vida; visitando cementerios. Buen relato Josep. Un abrazo desde Nicaragua. H.

Aquí me quedaré... dijo...

Es lo que tienen las madres. Paren donde quieren y luego el hijo se hace conductor de autocar y va de un lado a otro sin parar.

*Aunque nada tenga que ver con el asunto

¿Donde vas a colocar la mula, fuera o dentro del belén?

Besos a los tres

Josep Vilaplana dijo...

Tienes toda la razón, Homero. Hay gente que sigue "utilizando" la geografía para justificar lo injustificable. Yo siempre me he sentido un poco de cualquier lugar.

Ese abrazo que viene de tan lejos, lo recibo con mucha ilusión y alegría. Vaya de vuelta desde estas montañas recién nevadas.

Josep Vilaplana dijo...

Un autocar es como un libro que se mueve. Por él transitan historias y biografías; distintas luces y a menudo ternura.
En lo referente a la mula, te voy a confesar lo inconfesable. Hasta hace un par de años, en Navidad la colocaba, no sin dificultad dado el tamaño del bicho, justo al lado del Niño Jesus. Pero una mala noche me levanté a beber un poco de agua y me la encontré enzarzada en alegre orgía con la vaca y dos o tres ovejas casquivanas de lana gruesa (no te cuento lo que hacía San José por si algún niño le da por leerme). Comprenderás que a mi querida Mula no le haya permitido volver a pisar el Pesebre (la vaca y las ovejas están muy desmejoradas).

Un beso angelical.

Gemma dijo...

No ser de aquí ni de allí puede llegar a provocar -en algunos casos clínicos, incluso se lo han hecho mirar- algún que otro sarpullido violento y varios accesos de tos. Menos mal que a la mayoría (de momento...) nos da absolutamente igual. Besos!

Josep Vilaplana dijo...

Ahora lo entiendo, Gemma, no son palabras lo que día tras día nos arrojan los medios de incomunicación a nuestros sufridos oídos; lo parecen, pero no lo son; son toses de mentes para siempre acatarradas...(por suerte, en esta idiotez crónica, el tabaco es del todo inocente).

Un beso de aquí, de allá y de acullá.