miércoles, 7 de noviembre de 2012

Roland Barthes



Como una mala sala de concierto, el espacio afectivo tiene rincones muertos, donde el sonido no circula. El interlocutor perfecto, el amigo, ¿no es entonces el que construye en torno nuestro la mayor resonancia posible? ¿no puede definirse la amistad como un espacio de sonoridad total?

  (Fragmentos de un discurso amoroso)

4 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

Así debería ser.
un espacio sonoro y libre.

buenos días

Josep Vilaplana dijo...

Así es cuando se produce el milagro de una Amistad cómplice; o si se prefiere, de una Complicidad amiga.

Esos días sean buenos también para ti.

Gemma dijo...

Yo también lo creo. Muy buena perla.

Josep Vilaplana dijo...

Ese mar inmenso y profundo en el que las perlas aguardan; y yo chapoteando en la playa, con mi cubito y mi pala, y sin apenas saber nadar.

Cualquier día de estos me pongo en serio a bucear.