viernes, 4 de enero de 2013

Álvaro Mutis



De su torpeza esencial, de sus gestos vanos y gastados, de sus deseos equívocos y tenaces, de su “a ninguna parte”, de su clausurado anhelo de comunicarse, de sus continuos y risibles viajes, de su levantar los hombros como un simio hambriento, de su risa convencional y temerosa, de su paupérrima letanía de pasiones, de sus saltos preparados y sin riesgo, de sus entrañas tibias y estériles, de toda esa pequeña armonía de entrecasa, debe hacer el canto su motivo principal.
No temáis el esfuerzo. A través de los siglos hay quienes lo han logrado hermosamente. No importa perderse por ello, tornarse extraño, separarse del camino y sentarse a mirar pasar la tropa con un espeso alcohol en la mirada. No importa.

(Primeros poemas (1947-1952)

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