jueves, 10 de enero de 2013

Breve historia de la Socorro



A las siete de la mañana, con unas zapatillas desvencijadas y un paraguas destartalado, la Socorro espera el autobús. Me cuenta que hoy, entre trabajo y trabajo, ha de acudir al hospital para que le quiten un uñero. Mujer indestructible, sin fisuras ni resquicios aparentes por los que se pueda colar el sinsentido, compacta hasta la incomprensión. Come, trabaja y se opera de los uñeros como si estuviera al corriente de una verdad no formulada. La Socorro, pura dinamita para los pollos conceptuales.

15 comentarios:

N Ó M A D A dijo...

Por personas así, a veces me da vergüenza perderme en entelequias posiblemente intelectuales. Por personas así, la superficialidad propia y ajena me hace bajar la vista en no pocas ocasiones.

Laura dijo...

“A las siete de la mañana espero el autobús. Me recoge el Josep que todos los días me dice buenos días Socorro, como estás? Hoy le he contado lo del uñero, porque duele y a él se lo puedo contar porque... escucha.”
És cert que gent com ella ens fa tocar de peus a terra. No menys cert és que gràcies a gent com tu l’aterratge és menys dolorós.
Una abraçada per la Socorro i per a tu a més un petó.

Josep Vilaplana dijo...

Territorio confusamente delimitado, es cierto, el que separa lo "auténtico" de esas "entelequias posiblemente intelectuales". Creo que es saludable estirar un mano para intentar tocar el cielo sin soltar la otra de la pala con que se esparce el estiércol en el campo. Algo parecido a levitar a ras de suelo.

Un beso beso, sin entelequia alguna.

Josep Vilaplana dijo...

Jesusito de mi vida, que eres niño como yo, por lo menos una vez al día, dame una Socorro para que me alegre el corasssón.

Ara mateix em prenc la pastilla...

Petons agraits.

Aquí me quedaré... dijo...

Ella y tú... todo corazón

Un abrazo

Isabel dijo...

Y entre el cielo y el suelo: tú.

Ya hubiera querido Mecano decir tanto como tú nos has dicho con esta sonrisa de Socorro. Pura dinamita de humanidad.

¡Qué rebien puesto ese nombre!

Abrazo para ambos.

NáN dijo...

Habrá que poner a dios por testigo de que no permitiremos que las Socorro sigan viviendo así.

A dios pongo por testigo que jamás permitiré que en un futuro así esa gente pase hambre.

Aquí me quedaré... dijo...

Caro amico, Nán.
La pobreza, la marginalidad siempre ha exisitido y existirá por los siglos de los siglos, por mucho que nos duela.

un beso

Sill Scaroni dijo...

Un retrato lleno de vida, me encantó también el relato.
Saludos.
Sill

Josep Vilaplana dijo...

Un corazón, el de la Socorro, cuyos latidos son de una bondad práctica; o si lo prefieres, de una practicidad buena.

Gente así fija, inconscientemente, los parámetros que me ayudan a no instalarse definitivamente en el barrio de "peteneras".

Un beso/abrazo.

Josep Vilaplana dijo...

La Socorro a que me refiero es apenas un metro cincuenta de mujer revestida de puro coraje y determinación. Con ella de acompañante, y durante dos años, pasamos múltiples aventuras haciendo el transporte escolar por los pueblecitos de estas montañas altivas y hermosas. Gallega, cabezona y muy buena persona, guardo de ella el mejor de los recuerdos.

Muchas gracias, Isabel, y un beso enorme.

Josep Vilaplana dijo...

A las "Socorros" de este valle de matizadas risas y desconsoladas lágrimas, los de siempre las han explotado, aunque en el caso a que me refiero percibo una sensación, difícil de explicar, de victoria. La Socorro tiene dos hijos y un marido en paro, casi analfabeta y sin apenas esperanza de que las cosas cambien sustancialmente, pero en su forma de hablar, en su forma de reía, en la manera en que se relaciona con los niños, percibo que de su evidente derrota ha conseguido hacer una hermosa victoria. En absoluto intento "decorar" la enorme injusticia, la gran crueldad de aquellos que infligen ignorancia y pobreza a millones de seres; lo que siento, y apenas se explicar, es que hay cosas a las que ni siquiera ellos, los prepotentes amos de casi todo, pueden de una forma absoluta destruir.Tal vez algún día intente explicarme con un poco más de precisión.

Por lo pronto, querido amigo, vaya un enorme abrazo rumbo a Madrid.

Josep Vilaplana dijo...

A trancas y barrancas, eso es lo que intento: "inyectar" vida a los relatos y los retratos. Lo curioso es que suelen ser ellos los que me la inyectan a mí.

En esas estamos.

Muchas gracias por tu visita, Sill, y un abrazo transoceánico desde estas montañas absolutamente colgadas de nieve.

Gemma dijo...

Su rostro es la carne misma hecha fuerza. Muy buen retrato, Josep.
Petons

Josep Vilaplana dijo...

Rostro dulce y compacto; ternura y una incomprensible determinación en estado puro. Así es la Socorro.

Petons grans, Gemma.