viernes, 4 de enero de 2013

Count Bassie

    
El pelo blanco, rizado y tupido como un bosquecillo de arbustos nevados. Negro sin matices, alto, suave, cadencioso de movimientos y palabras. El concierto esta a punto de empezar y los músicos aparecen en el escenario con la tranquilidad y decisión del que va a ejecutar algo preciso. Se abren las compuertas y una torrentera de ritmo se nos viene encima. La música, retenida quién sabe donde, se precipita con la urgencia inevitable de lo que debe ser ofrecido. Dedos, bocas, pulmones: obreros de lo excelso construyendo efímeros y maravillosos laberintos para nosotros, niños febriles de expectante emoción.
(El gusto de ginebra en la boca; la mirada inquietante del pianista -tranquilo, casi quieto, tal vez feo-; el padre/director mimando a sus abuelos/hijos; el dentista del batería deslumbrando la platea; el juego y las complicidades; los zapatos grandes y la música. Count Bassie: locomotora multiforme).    

4 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

Buena entrada al Nuevo Año y a todos los venideros.

Besos galácticos

Isabel dijo...

Se disfruta en ese contar lento de todo el ritmo.

Besos

¡Hum! Aquí te los da galácticos, "andandará" ella.

Besos también para ti, Aquí.

Josep Vilaplana dijo...

Cada día entro y salgo varias veces de mi año de bolsillo. Tus besos los agradezco y dosifico como oro en paño.

Salud y alegría, Aquí me quedaré, y un beso de montaña.

Josep Vilaplana dijo...

Hay gente que tiene ritmo y los hay que no; luego están los que son ritmo. Count Bassie, a mi precario entender, sería de estos pocos y afortunados seres que son ritmo.

Gracias por cruzar de nuevo este puentecillo de amistad, Isabel, y un beso con infinitos matices para ti y para todos los que tú decidas.