domingo, 27 de enero de 2013

Postales desde Marruecos


Todo parece una película rodada sin guión. El tren es el único que hace algo concreto: embestir a los paisajes que, sin ganas, huyen hasta que la noche los alcanza, los confunde y los iguala. Sobre la banqueta verde y sucia el diario Insiste en que es sábado. Por el pasillo algunas sombras se contornean haciendo bandera de una sensualidad decididamente cazurra y mesetária.

En Fez la noche antigua se va desdibujando, pero sin dejar de ser noche y antigua. Se amasa la miel y la almendra, se exprimen la naranja y el limón, se tritura la fresa. Las cosas se ignoran tranquilamente, mientras el agua se tiñe de menta y tiempo. Con una trascendencia sin fisuras, sentados en las terrazas de los bares, los hombres miran la televisión mientras desde lo alto de las mezquitas llaman a salvación. De pronto se escucha un clamor que recorre la Medina: Marruecos ha marcado un gol. Indiferentes a lo que tal vez sucede, burros de diferentes tamaños y categorías, también alguna mula, transportan todo tipo de mercaderías por callejuelas que se angostan como arterias infartadas.

Un matriarcado firmemente establecido rige lo cotidiano con dulce mano de hierro. En pijama y zapatillas, las mujeres que nos dan cobijo gobiernan la casa como si de un barco sin destino se tratase. La madre, sigilosa y avispada, capitanea; el padre, como una sombra en pena, leve, silencioso, enclaustrado, está sin estar  (nadie sabe en realidad que culpa redime).

A media mañana la Medina se descompone en tumulto. No hay ambulancias -a esa hora la muerte comercia pero no urge-. Golondrinas sin más fe que su mosquito presente, tejen de azul radiante el cielo. El viejo motor de una máquina informe hace que la vida gire sin sentido en su eje de luz y esfuerzo. Un vaso de agua, otro de leche y un café; cuatro terrones de azúcar; dos para la leche y dos para el café; un trozo de pan para mojarlo en la leche. En cualquier esquina se puede observar la precisa representación de todo en casi nada.

Por la noche hago inventario sólo para olvidar que no duermo: un ejemplar del Corán sin usar; una fotografía de la Meca; un reloj sin tiempo que transcurrir; el retrato de un apuesto marine norteamericano nacido en Fez; otra fotografía de la Meca iluminada; el abuelo materno discretamente enmarcado; un dibujo en relieve de la Torre de Pisa; dos banderitas de Marruecos; tres televisores; un espejo y diversas figuras de porcelana.

La mañana trae a las mujeres y estas los dulces y pasteles. Los peores augurios se confirman: habrá fiesta tradicional (debe de tener unos veinte años, las manos exactas; baila y su cintura proclama su destino dando rítmicos golpecitos de efímero cielo).

10 comentarios:

Isabel dijo...

Demasiada belleza en tu escritura para digerirla de momento, necesito tiempo.

Besos de lunes con prisa, esa que no asoma aquí.

XuanRata dijo...

Quiero pasar la página y seguir leyendo.

Josep Vilaplana dijo...

Isabel, no descartes que las dificultades de digestión no sean debidas a la belleza del texto, sino a su indigesta composición. De todas formas, una ilusión XL que te haya gustado.

Besos de finales del jueves (eso dicen los que creen en los días y sus horas...)

Josep Vilaplana dijo...

Sólo por ese motivo, Xuan, ya vale la pena seguir escribiendo (puentes de ida y vuelta, complicidades...)

3v3 dijo...

En pijama y zapatillas, así me gusta leer-te (aunque jamas me haya comprado un pijama de verdad ) pero eso que mas da... quiero girar la pagina tambien! mas mas!!

Josep Vilaplana dijo...

En pijama y zapatillas celebro (aunque jamás me haya comprado un pijama ni unas zapatillas de verdad) que te gusten estas postales de las que tú tan cerca estabas....

Petons nagolencs grans....

Aquí me quedaré... dijo...

Me gusta tanto el relato que cierro los ojos y me llega hasta el olor de esos lugares.

Un abrazo

Laura dijo...

Rodejada d'aquest paisatge gèlid que tossut insisteix en no abandonar-nos, és un plaer llegir-te perquè les teves paraules, els teus paisatges ens reconforten. M'uneixo al crit unànime de, volem més!

Josep Vilaplana dijo...

Es cierto que en esos lugares los olores casi se pueden ver y tocar, su intensidad se percibe más allá del olfato.

Me alegra mucho que ta haya gustado, Aquí me quedaré...

Josep Vilaplana dijo...

Es del tot cert, aquests paisatges ho son tot menys gèlids. Sembla que la vida vagi en pantalons curts i un somriure a la cara.

Per cert, m'uneixo als petons amb unanimitat...