miércoles, 6 de febrero de 2013

Los días de lluvia no mienten


Los días de lluvia perdemos identidad, consistencia; nos desdibujamos bajo una nueva luz que no necesita exactitud ni permanencia. Necesaria distorsión de los contornos que erróneamente reconocemos como nuestros. Los días de lluvia una inquietud de agua por los suelos desbarata, suavemente, las biografías. Se abre entonces, como una flor de cristalina nada, un hueco esencial en el que es posible refugiarse de los nombres de las cosas. Los días de lluvia no mienten. 

13 comentarios:

Pedro Herrero dijo...

Me pillas leyendo un artículo sobre Instagram. Ya sabes, ese aplicativo para móviles que sube las fotos directamente a las redes sociales tras aplicarles un filtro homogeneizador. Está causando furor, pero a los que nos gusta la fotografía nos parece que estén inventando la sopa de ajo. Para filtros, los tuyos. Los de tu sensibilidad. Los que te mueven a buscar la fugacidad de una imagen vulnerable. Preciosa, tu foto de lluvia.

Gemma dijo...

Tampoco lo hacen tus fotografías. Ni tus textos inaugurales, tan cargados de buenos (por ciertos) augurios.
Besos

N Ó M A D A dijo...

¿Y qué hace entonces uno cuando vive en un país de lluvias? - me pregunto.

Isabel dijo...

Será porque la lluvia limpia para así desdibujar.
Hermosa reflexión.

Besos

Josep Vilaplana dijo...

Compartimos, lo se, esa constante inquietud por la imagen "imposible". Ese instante que, como la famosa tortuga, se nos vuelve inalcanzable a nuestras liebres digitales.

Te escribo, querido amigo, justo en el instante que percibo las primeras señales, claras e irrefutables, de mi transformación en oso blanco (no se cuanto tiempo podré resistir sin cometer una irreversible atrocidad contra cualquiera de esos rusos con sombrero de cascabeles que se deslizan -más preciso sería decir que caen en imparable avalancha- por las pistas de esta congelador en forma de país.

Un petó gran per tots quatre, Pere.

Josep Vilaplana dijo...

Intento, como tú, mentir de verdad sin dejar que asomen en exceso las verdades de mentira.

Besos (por ciertos) buenos.

Josep Vilaplana dijo...

Tal vez lo mejor sea convertirse en un camello escéptico para así poder cruzar más y mejor los desiertos inundados.

Me sabrás perdonar, Nómada,... sin duda es la gripe.

Josep Vilaplana dijo...

Yo creo que la lluvia es impresionista, al contrario de la nieve que quiere ser realista y acaba siendo francamente pesada.

Un beso grande, Isabel, y gracias por venir en un día de lluvia.

Laura dijo...

Prefereixo perdre la identitat amb la pluja que el seny amb la neu. Ho havia de dir tot i que em sap greu després del text i la imatge que proposes, d’una sensibilitat que et caracteritza. M’ha agradat moltíssim.

Josep Vilaplana dijo...

Potser la sensabilitat només és la bona predisposició, xic adquirida, xic innata, per deixar-se acaronar per les persones i les coses sensibles. Exemple: vos.

Aquí me quedaré... dijo...

Saltar y brincar por los charcos con unas botas katiuskas era y sigue siendo una de mis aficiones favoritas.
Me veo mucho más linda cuando el agua de lluvia me empapa.

Besos

Josep Vilaplana dijo...

Has cometido una enorme y casi imperdonable imprudencia, mi querida amiga, al regalarme esa frase en la que la que comentas que empapada en agua de lluvia te ves mucho más linda. A un enfermo de luz y palabras, esas cosas no se le pueden decir tan tranquilamente.

A partir de ahora, en cuanto caigan cuatro tristes gotas ya me tienes de cabeza a la calle, y todo por tu culpa...

En fin, un abrazo muy grandote...

Aquí me quedaré... dijo...

Sonrisa