martes, 9 de abril de 2013

Lucrecio



La codicia y la ciega ambición de honores, que fuerzan a los míseros hombres a violar las fronteras del derecho y a veces, haciéndose cómplices y servidores del crimen, a esforzarse día y noche con empeñado trabajo para escalar el poder, tales llagas en la vida en no pequeña parte son alimentadas por el temor a la muerte.

 (De rerum natura)

2 comentarios:

Isabel dijo...

Y no será porque creyendo en el cielo-infierno, saben que van a ir todos de cabeza.
Hasta yo, agnóstica, estoy rezando para que lo haya, y he mandado a un montón a ver si se achicharran.
Abrazos.

Josep Vilaplana dijo...

Claro que hay infierno, Isabel, está justo al fondo a la derecha de sus corazones. Lo que no te sabría ubicar con precisión es el paraíso.

Un abrazo grandote.