martes, 9 de abril de 2013

Noche de cine



Las palomitas te sientan muy bien -sin duda añaden risas a tu risa-. Esta noche nada sabemos de la película ni falta que nos hace. Ya inmersos en la luminosa oscuridad de lo que sucede, nos organizamos mínimamente: a la mano izquierda le da por la vida y busca tu mano; a la mano derecha le da por la literatura y remueve las palomitas -azúcar o sal es una cuestión del todo trascendente-. Tal vez en la noche que nos espera al salir no haya estrellas, pero ni falta que nos hacen -de tanto mirar hacia arriba, no hay mierda que se resista a ser pisada-. Como de costumbre, algunos esperaran a las absurdas críticas para saber si les ha gustado; reconozco que a mi me importa una higa lo que opinen esos archiveros de suspiros, flácidos hacedores de todo lo innecesario. Al igual que el bueno de Sancho Panza, lo devoramos todo a dos carrillos y creo recordar que en más de una ocasión conseguí besarte.

14 comentarios:

bla dijo...

muak!

Gemma dijo...

Es el exterior de un buque oxidado, ¿no es cierto? Si no lo es, tiene que ser cualquier pared enorme de hierro abandonada a su suerte. O algo parecido. Tu texto en cambio resulta de lo más concreto: ¡casi se puede respirar! Un petó (o dos)

Isabel dijo...

palomitas-palabras-imagen-manos-temblor-vida-alegria...
Me encanta el cine. Besos

N Ó M A D A dijo...

Cine, palomitas, mano, verano, lluvia, beso... Ay si se contaran todas las películas que pasan en la sala del cine al abrigo de la oscuridad...

Aquí me quedaré... dijo...

Se dice,se comenta que nadie olvida sus primeros besos.

Josep Vilaplana dijo...

movi muak per vos...

Josep Vilaplana dijo...

A decir verdad, Gemma, es una pintura / mural que está justo en la entrada del Museo Dalí de Figueras. Estábamos haciendo cola ciento doce rusos, cuarenta y dos japoneses, un neozelandés, dos peruanos, una pareja de Móstoles y yo y para pasar un poco el rato hice algunas fotografías. Lo que si tengo que confesarte es mi absoluta obsesión por "las cosas oxidadas". Será que me estoy oxidando yo también.

Si es possible, tres petons.

Josep Vilaplana dijo...

A mi también, Isabel. Y más cuando realidad y ficción se embarullaban de tal modo que una historia de amor en la platea se mezclaba con el correspondiente ataque de los indios, o cuando al beso de Bogart intentaba sobreponerle el mío y claro, la Bacall de turno que si quieres...

En fin, una maravilla.

Josep Vilaplana dijo...

¡Cuántas manos no se habrán buscado por primera vez en la oscuridad de un cine!

No se hable más, Nómada. A las ocho en la esquina que tú decidas. Las palomitas corren de mi cuenta; tú escoges la película.

Un beso.

Josep Vilaplana dijo...

Yo recuerdo perfectamente, detalle a detalle, mi primer beso, lo que no recuerdo en absoluto es a quién se lo di (de todas formas, estoy casi convencido de que no estaba solo).

Un segundo o tercer beso, Aquí me quedaré.


Aquí me quedaré... dijo...

La foto me recuerda a algunas pinturas sobre el país dogón de Miquel Barceló.

Es lo que venía decir aunque ya veo que es de Dalí.

nada más

Josep Vilaplana dijo...

No se quién es el autor de este mural. Está ubicado justo en la plazoleta que da entrada al Museo Dalí de Figueras, pero creo que no es de este pintor (de todos modos, y dadas las colas que se organizan, sobretodo en verano, debe de ser la obra más "admirada" del museo).

Beso y abrazo.

NáN dijo...

Me parece muy adecuada la foto, ya que nuestros recuerdos del cine, cuando lo conocimos, tiene el sabor dulzón del óxido.

Josep Vilaplana dijo...

Nuestros recuerdos del cine son como vidas chiquititas que se nos pegaron a nuestras chiquititas vidas. En lo que a mí se refiere, era como soñar sentado y con entrada (solía despertaba en la calle, un poco aturdido, y dudando si decantarme por la esperanza o la tristeza). Para ser sincero, fueron muchos más los besos que vi que los que di.

Un abrazo, Nán.