sábado, 25 de mayo de 2013

Yo por soleares y él por seguidillas



Ayer por la tarde le recé a un dios por soleares y él, ni corto ni perezoso, me respondió por seguidillas. Luego, en el espacio que se abrió entre dos cervezas, convenimos que el miedo no sabe bailar. Sólo se mueve con la música, sentenciamos entre risas y algún espanto, que nunca ha sonado  ni  sonará.

4 comentarios:

Isabel dijo...

Me gusta el 13 y me gusta cuando quiero entender y encuentro que me pierdo en los resquicios de tus palabras.

Aquí me quedaré... dijo...

Me gusta la puerta.
¿El miedo no sabe bailar?
El mío sí.
Vestido de lagarterana, mi miedo baila, jotas aragonesas, la yenka y no sé cuantos más.

Del resto me pasa como a Isa. No entiendo nada de nada

Besos a los dos

Josep Vilaplana dijo...

Flaco consuelo será decirte que un servidor suele ser el primero en perderse en mis propias palabras. Tal vez lo que aquí trataba era de asociar miedo con ficción de pésima calidad y publicada en formato de bolsillo. No creo que temamos lo que sucede, sino lo que creemos que sucederá y eso, aunque humano, es un poco absurdo.

Mil y un besos nada temerosos.

Josep Vilaplana dijo...

Es cierto que el miedo baila de todo pero sin música; podríamos decir que baila quieto no al son de lo que escucha, sino de lo que cree escuchar.

Todo lo que digo se debe a los efectos secundarios de la altura en la que vivo (la falta de oxígeno es la culpable, nunca yo).

Un beso mío y otro del xerpa (se escribe así?) que me acompaña.