sábado, 9 de noviembre de 2013

Mi padre



Como aventurero distinto explora su levísima cotidianidad diseccionando lo que no sucede en su cuadernos rotos, anotando con gran precisión todas las cosas que no ve. Incansable labrador de olvidos, asomándose a veces tras una hermosa sonrisa de aire y de tristeza, se va alejando sin distancia empequeñeciendo su presencia hasta quedarse casi sin perfil. Frágil eslabón de una cadena rota, sus ojos tienden extraños e insondables puentes entre dos oscuridades. Hace ya algún tiempo que se deja querer sólo porque sí.

6 comentarios:

Laura Vallribera dijo...

Oblits, tristors, fragilitat ... vellesa. Text ple de tendresa Josep, dels que m'agrada llegir i llegir. Un petó

Isabel dijo...

Emoción, Josep, porque conozco esa mirada doblemente.
No sé si es un no comprender, o comprender demasiado, lo que la hace impregnarse de esa tristeza que se los lleva; y nosotros, al no ver esa alegría de vivir, lo aceptamos sin remedio.

Abrazos

Josep Vilaplana dijo...

Així estem (potser la paraula que ara per ara més en parla d'ell seria fragilitat).

Moltes gràcies, Laura.

Josep Vilaplana dijo...

Creo Isabel que es una mezcla de tristeza y desconcierto, y ambas cosas de la mano de una gran fragilidad.

Por lo que dices, imagino que has vivido, o vives, muy de cerca estas sensaciones.

Gracias por estar y un abrazo grande.

Aquí me quedaré... dijo...

Dura fragilidad en un hermoso texto y serena mirada del padre hacia el hijo y del hijo hacia el padre.

Besos






Josep Vilaplana dijo...

Tal y como estamos, las miradas son tal vez los últimos puentes, precarios sin duda, para cruzar un río cuyo caudal aumenta día a día.

Un beso con abrazo para tí, Aquí me quedaré….