jueves, 26 de diciembre de 2013

La chica de los ojos del sur



Al principio anduvo algo confuso sobre qué hacer con su forma de mirar. Dudaba entre dejarse  empujar fuera de los límites de esa ciudad sin aliento ni esquinas en la que se agazapaba, o bien dejarlo sólo en herida para lamérsela al sucio sol que perfila todo aquello que no será. No tardó en decidirse: viajaría al sur que proponían sus ojos.

4 comentarios:

Isabel dijo...

Lo que pasa es que en el sur algunas personas en verano con el sol, que cae a raudales, se encandilan, o se quedan pilladas; esan son más valientes que otras que sólo escudriñan con temor esa claridad rotunda.
Viajar es una bonita palabra y, si se puede, hacerlo al sur, al norte...
A mí en estos días siempre me apetece viajar, bueno, más que viajar, quitarme de en medio,jjjj.

Abrazo.

XuanRata dijo...

No vemos sus ojos ni lo que sus ojos ven, y sin embargo todo es tan evidente como un desnudo, como un paisaje.

Un abrazo.

Josep Vilaplana dijo...

El sur, mi sur, que efectivamente puede ubicarse en cualquier norte, lo ubico en ese lugar donde a la vida le da por vivir; esa dirección que, de seguirla, nos lleva al corazón mismo del baile, al punto exacto donde música y danza se confunden.

Unos ojos pueden ser una señal del todo precisa.

Un beso flamenco, Isabel.

Josep Vilaplana dijo...

Tras esos ojos que no se ven un mundo de respuestas sin pregunta se asomaba. En ellos bailaba la alegría de vivir sin necesidad de razones ni motivos; luces antiguas y sin sombras, camino sin otro destino que el propio caminar.

Para más detalles, en una pequeña plaza de Granada, una guitarra y una mujer, y el aire enredándose en las palmas, y la momentánea derrota de todo lo innecesario. Todo "tan evidente como un desnudo, como un paisaje".

Un abrazo grande, Xuan.