martes, 10 de diciembre de 2013

Por no poder atender, cedo embrión de una posible, y tal vez exitosa, comedia de enredo.




Ese día, al levantarse y por un fatal descuido, el infeliz se olvidó de olvidar y como es natural se le presentaron en tropel los recuerdos. ¿Y ahora qué hacemos -decían los más inquietos- con todo lo nuestro? Huelga decir que la confusión era enorme y el vocerío insoportable, aunque no lo suficiente como para ahogar una voz aguda que desde un rincón clamaba: yo soy el recuerdo del primer beso y merezco mejor trato. El coro de risas de los amores contrariados no pudo ni quiso silenciar la réplica: no digas idioteces, que no fuiste el primero ni tampoco un beso. A un lado del desbarajuste se habría paso, a codazos, el grato recuerdo de las caricias que la madre le hacía cuando de noche, sentados los dos ante el fuego del hogar, dejaban que la nieve jugara en la ventana. Les faltó tiempo a los más rencorosos para desatar sus viperinas lenguas: pocas tormentas de nieve han azotado Córdoba y el único fuego que alumbraba en el piso de protección oficial era la llamita del calentador. Ni que decir tiene que amontonadas en aquel desorden alfabético algunas fechas pugnaban para ser proclamadas verdad: soy el recuerdo de aquel 12 de marzo a medianoche, cuando el pobre tío Federico murió, a los 93 años. Mentira -decía el recuerdo de una tarde lluviosa del 6 de Octubre en que a papá le extirparon unos pólipos-,  93 años hace que tío Federico se murió de tedio prematuro apenas unas horas después de nacer sin ganas. Envidioso de mierda, es a papá al que jamás le extirparon pólipo alguno, recuerda que fue a los pólipos a quienes le extirparon a papa el 15 de mayo. De pronto, una voz hiriente como navaja albaceteña, silenció la charca: ingratos, yo soy el recuerdo de todos los gratos recuerdos, el padre recuerdo, o si lo preferís, la madre de todos los recuerdos. Yo soy el único que se acuerda de todos vosotros, díscolos recuerdos olvidadizos, y por consiguiente soy el único que merece ser convocado -murmullos y más risitas-. Al fondo a la derecha, un recuerdo insolente no se supo contener: para ser el recuerdo de todos los recuerdos la tienes muy pequeña….la memoria, ¿acaso has olvidado que ninguno de nosotros se acuerda de ti?

A eso de las siete y diez de la tarde, cuando entre sus recuerdos parecía definitivamente instaurada la más pura anarquía y se diría que la violencia estaba subiendo por el ascensor, sonó el móvil del pobre diablo. Era la secretaria del urólogo que le recordaba la visita que tenía programada para el jueves, insistiendo en que fuera en ayunas y vestido con ropa deportiva ya que debían practicarle un tacto rectal.  Aun no se explica como sucedió, pero de pronto, al colgar, y gracias al Dios que ustedes prefieran, se acordó de nuevo de olvidar.

6 comentarios:

Laura Mencia dijo...

Uau, quina genial ventolera de records desmemoriats!! S'han obert les comportes i la prosa flueix en una simbiosi absoluta amb la ment. El contenidor és el contingut. Felicitats!

Laura Vallribera dijo...

Ara que hi penso crec recordar que fa temps que et llegeixo. Un record llunyà i un pensament d’ahir es van posar d’acord, cosa estranya en mi, i van decidir arribar al consens. Es veu que els agrada llegir-te. A mi també rellegir-te... per allò de que no se’m oblidi. Genial text Josep.

Isabel dijo...

Es curioso que hasta en los recuerdos hay quienes pretenden mandar sobre los otros. Puro protagonismo ¿cómo no?
Curioso, también, que al final la tecnología ganara la batalla a la violencia, como la alarma del despertador que nos despierta.

Muy bueno Josep. Deberías publicar más largo. como ahora, se te da muy bien.

Abrazos

Josep Vilaplana dijo...

El contenidor és el contingut…m'agrada això i crec que donaria per més d'una bona història.

Moltes gràcies per la teva lectura, Laura, i petons grans de tots tres per tots tres.

Josep Vilaplana dijo...

El que dius és un excel.lent i fantàstic motiu per no deixar aquest estrany vici de fer "gargots" a tota mena de parets blanques.

És cert que fa molt de temps que em llegeixes i aixó, a part de un xic incomprensible, em fa molta il.lusió.

Petons.

Josep Vilaplana dijo...

Los recuerdos mienten más que alientan, lo que sucede es que los hay que saben bailar y los hay que te pisan todos los pies de que dispongas. También es cierto que entre ellos es frecuente que no tengan excelentes relaciones.


Un abrazo y un beso para ti, Isabel.