sábado, 21 de diciembre de 2013

Quiéranse ustedes...



Como es sabido por los más perseverantes, y por lo tanto incomprensibles, de mis lectores, hace ya un par de años que intento hacerla partícipe de este leve orgasmo, poco más que un estremecimiento luminoso de bondad desatada, que titulamos Navidad. He utilizado su imagen y mis palabras -lo contrario habría sido un fracaso absoluto- para desearles a todos y a todas sólo cosas buenas y mejores. Pues bien, este año me propuse dar un paso más por ver si la sacaba de ironías y desidias y la convencí para ir los dos, me refiero a mi querida Mula y yo, a ejecutar el ritual de la compra de regalos para los seres queridos e incluso algún detalle para los que nos gustaría querer y por aquello del que dirán, no se dejan.
Para qué contarles. El relato no puede ser lineal porque lo sucedido no hay geometría que le de cabida. Utilizando la técnica cinematográfica, intentaré proyectarles algunas imágenes que mi mente quiere y no puede olvidar, algunas de las pinceladas, mejor brochazos, que ambos dimos en esa tela de bochorno y horror.
Toma uno: escaleras mecánicas de unos grandes almacenes. Considerables dificultades de mi querida Mula para dejarse llevar por ese breve destino mecánico. Su trote, nervioso y bidireccional, provocó tres contusionados leves, una taquicardia de buen pronóstico y las primeras contracciones de una primeriza que acabó dando a luz en charcutería.  
Toma dos: sección de lencería; subsección erotismo y tradición; prestachería con predominio del rojo y del negro. Un instante después de cruzar la linea de lo inevitable, no sólo me sorprende olisqueando las prendas allí expuestas, sino que lo adereza con largos y lentos lametones que da, como el que silba, a las bragas y sostenes que allí esperan su efímera gloria. Nos afean la conducta, por orden protocolario inverso, la pizpireta encargada de sección, el enclenque guardia jurado, el patizambo responsable de planta, el trémulo director del centro comercial, el lascivo portavoz del arzobispado y, por teléfono, el escasamente apolíneo Ministro de Comercio y Turismo.
Toma tres: cualquier hubiese desistido, pero su mirada parecía albergar algo parecido al remordimiento, incluso un cierto brillo en el que me forcé a ver un levísimo propósito de franca enmienda. La última oportunidad nos la dió el dependiente de la sección de electrónica que con la mandíbula colgando debido a la muy natural estupefacción, nos fue sacando diferentes modelos de aparatos, a cual más veloz, más estilizado, más ligero y más innecesario. Gigas y precios titilaban y se confundían en el mostrador. Todo indicaba que esta vez sí sería posible; nada hacía presagiar el fatal desenlace, nada a excepción de esa forma tan peculiar suya de torcer la oreja derecha, gesto que suele indicar un repentino cambio de actitud. Todo sucedió como en el primer beso: el tiempo que decide ausentarse y el corazón que se queda indeciso de si debe o no seguir latiendo. El boquiabierto dependiente pasaba las diferentes pantallas con suaves y ágiles movimientos de su dedo índice cuando ella decidió hacer exactamente lo mismo con la pezuña de su pata derecha.
Una bolsita de plástico con los restos del naufragio electrónico, un cambio de titularidad de una importante cantidad de dinero y algunas palabras soeces al llevarnos por delante el arco detector de artículos robados, fue el triste balance.
Regresamos a casa en silencio absoluto. Las montañas parecían albergar alguna burla. Los cuervos también.

Ahora ya sin rencor en mi corazón, se que vendrán de nuevo los buenos deseos para animar a los míos a sumarse a su cíclica fecha de graduación, también se que vendrá algún deseo un poco malo pero simpático y tal vez necesario, a reclamar su momento de gloria, pero lo que de bien seguro no vendrá será el más mínimo atisbo de luz sobre la verdad que le ha sido revelada a mi querida Mula para diseccionar la vida con semejante precisión.

Por lo demás, quiéranse ustedes con alegre confusión sin el después que todo lo confunde y entristece y que ninguna enfermedad les coja aprecio.


Pd.  Por la ventana veo como mi querida Mula engulle tranquilamente grandes bocados de hierba. Juraría, si fuese necesario hacerlo, haber visto en su gruesa cara el esbozo de una sonrisa. Tal vez sea su forma de desearles lo mismo.

6 comentarios:

Isabel dijo...

Ja, ja, ja, eres genial.
Y tu Mula, aunque le he visto la mirada como tristona, yo lloraría si estuviera ahí con ese frío, pordios. Con lo que a mí me gustan los 40º.

¡YA ES DE AGRADECER ESTA AUTÉNTICA FELICITACIÓN DE LO MÁS NAVIDEÑA!

DESEO QUE LO PASES FELIZ CON LOS TUYOS.

UN FUERTE ABRAZO.

Laura Vallribera dijo...

Com a lectora “incomprensible?” i assídua teva, em prenc la llibertat d’opinar sobre aquesta/vostra relació. Ja ho vaig dir l’any passat que intuïa una consolidació en la mateixa. Després de llegir-te no puc més que alegrar-me que això vostre vagi endavant. Mostrar-vos públicament, sense complexos, amb total naturalitat és maco. Veig que viviu les coses intensament, la visita a la secció de llenceria m’ha eterni’t, no se però com estarà ella després de la mala experiència amb la incomprensiva reacció del personal del magatzem, però estic segura que tu sabràs acaronar-la amb les teves paraules o si més no... dóna-li un extra d’herba!!.

Us desitjo un any ple de bones imatges, millors paraules i que no ens manqui la música.
Petons a tota la family.

Josep Vilaplana dijo...

Andas en lo cierto, Isabel, en lo referente al frío. Por estas montañas de vete a saber, oscilamos entre hace frío y hace mucho frío, luego, claro está, tenemos algunos días en que el frío es considerable.

Por lo demás, ya sabes que te deseo vida y ternura a raudales como antídoto a las picaduras de todos esos bichos que andan sueltos.

Besos de altura, Isabel.

Josep Vilaplana dijo...

No seria gaire exagerat dir com a" Lectora"; tanmateix és cert que la nostra relació ja fa uns anys que està força consolidada. Som el que en podríem dir una parella de fet, aixó si, un fet ben estrany.

Per la resta, no ser dir-ho millor de com ho dius tu: "que no ens manqui la música, Laura".

Petons grans per tots vosaltres.

Aquí me quedaré... dijo...

A pesar de que la fiebre me acaricia por una gripe, indigna de estos días, no puedo, no puedo con la risa.

Muchas gracias

Un año nuevo y estupendo le deseo

Unos abrazos

Josep Vilaplana dijo...

En cierta forma entiendo a esos díscolos virus y su decisión de pasar estos días contigo, aunque sin duda les afeo al conducta y espero que rápidamente recapaciten y te dejen en paz.

Por lo demás, si estas tonterías que mi querida Mula y yo vamos recreando te han hecho reír, motivo más que suficiente para alegrarme esta fría y nevada tarde.

Recupérate pronto y un abrazo grandote para ti, Aquí me quedaré… y en lo referente al año que se nos viene encima, pues eso, salud y alegría a raudales.