jueves, 13 de marzo de 2014

Esta mi última cena (Taller Bremen)



Cuarenta y dos figuras de porcelana -en realidad serían cuarenta y tres pero la de la mujer con abanico se rompió  en la primera y última mudanza que la familia acometió- contabilizan con una precisa indiferencia los años que llevan casados Joaquin y Lourdes. Ya nadie sabe con certeza si se trata de costumbre, amor o coleccionismo, pero allí están, una al lado de otra, perdiendo espacio en la vitrina con el paso del tiempo y ganando absurdidad. Lo cierto es que a ella le parecen horrorosas y a él ridículas, pero nunca han hablado demasiado de casi nada. 

A mi derecha, si es que en mi estado eso fuera posible, María le pone una sonrisa al cansancio y hace como que escucha a José Luis, su cuñado, que aunque sin quererla siempre quiso besarla, todo lo contrario de lo que le sucede con Luisa, su mujer, que a pesar de quererla de algún modo lejano y olvidado, no le apetece en absoluto. Y eso que Luisa no es fea aunque tampoco hermosa, ni nada tonta aunque apenas entienda lo que nunca le sucede. 

Ramón, el hermano pequeño, está sentado al lado de su padre y sólo bebe agua con gas. Durante algún tiempo esa costumbre provocó algún agrio debate y no pocas discusiones que Lourdes intentaba paliar repitiendo una y otra vez si alguien quería un poco más de sopa, esa sopa  riquísima que ella utiliza como argamasa para intentar compactar el inestable edificio familiar. Ahora hace cuatro años que el tema se olvidó, o para ser más exactos, fue empujado al olvido por el inesperado embarazo de María. 

Sin más pareja conocida que la tristeza de siempre, esa lejana noche dijo muy flojito, entre un acércame el pan y un no tengo demasiado apetito, un creo que estoy embarazada. A nadie le pasó por alto que en ese preciso instante, Ramón, sin duda aliviado, cogió el vaso de agua con gas y dio un largo trago.

Kevin, que de esa forma cruel castigaron al niño por su falta de padre, corretea alrededor de la mesa. A todos les parece asombroso su parecido con tía Enriqueta cuando era pequeña y eso que nadie recuerda como era tía Enriqueta de mayor y mucho menos de pequeña. Entre plato y plato todos menos José Luis, que mira en silencio como María  se lleva la cuchara a la boca, se esfuerzan en adjetivar a la criatura con algo que roce la emoción y merodee el asombro, pero ni la forma de ser del niño, parco en gracias y habilidades, facilita las cosas, ni los libros de poesía restaron jamás espacio alguno en esta ni en ninguna de las casas de los comensales.

La noche se cae y como de costumbre Joaquín, siempre Joaquín, propone que se descorche el champán. Con una excitación no por previsible menos estúpida, alguien pronuncia mi nombre y todos aplauden como si se tratara de un eructo de felicidad. Aunque pueda parecerles extraño, soy consciente de que en breve perderé del todo la perspectiva y pasaré a formar parte, de una forma orgánica y levemente absurda, en realidad como lo hace todo el mundo, de la familia, esa imposición grosera, esa casi violencia ejercida a golpes de amor y genética. 

Por lo demás, mi absurda intención no fue otra que cartografiarles, como si de un Jesucristo nimio se tratase, esta mi última cena. 


Pd. Para los que no se conforman con hilvanar sino que insisten en coser, para los que no se pueden dormir sin entender lo que no es necesario explicar, les diré que el azar, o lo que ustedes prefieran, hizo que naciera pavo y que esta noche es Nochebuena y mañana Navidad. 







9 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

¡Felices fiestas!

¿Taller Bremen? ¿El de Nán?

Feliz fin de semana

Isabel dijo...

¿Tú lo que quieres que te digan es si progresas adecuadamente?

Pero si tú naciste con estrella como el sol de Aquí.

Cuando estaba yo aprendiendo cómo poner una palabra detrás de la otra, cosa que aún no tengo clara, no tenía ni puñetera idea de qué ere el estilo. Si te hubiera leído entonces lo hubiera tenido más claro.

Pues eso, que además de un estilo propio, coses las frases con tanto arte y gracia que a mi manera de ver tú naciste "aprendío".

Un abrazo de felicitación.

NáN dijo...

Pues sí, Aquí, "el que va NáN", que es autogestionado y de tós.

Ha sido un placer para todos que se apunte.

Fali Hernández dijo...

Pues...
Es que no puedo por menos de decirte que derrochas genialidad en cada texto que escribes.

El espíritu del Sr. Pavo, estará orgulloso y henchido (no relleno) por haber pensado en él en tan difíciles momentos.

Un abrazo

Josep Vilaplana dijo...

Pues si…se trata de algo muy parecido a una fiesta que mi amigo Nán haya tenido la generosidad, y la imprudencia, de invitarme a ese espacio de palabras y amistad.

Ya te iré contando.

Un beso recién llegado de Zaragoza.

Josep Vilaplana dijo...

Hace tiempo, querida amiga, que constato que retrocedo adecuadamente. En lo referente a mi estilo, ando con la leve duda de que es mi Mula la que me lo dicta a su forma y manera.

Tonterías a parte, agradecido por lo que dices aunque mis serías dudas planeen sobre ello.

Un abrazo enorme y primaveral.

Josep Vilaplana dijo...

Aprovecho la ocasión, dado que por una vez no la pintan calva, para agradecerte públicamente (público escaso pero muy querido) tu amistad y la oportunidad de participar en ese sitio de amistad y palabras que alimentáis.

Para mí un placer más enorme que el actual sería -y esto es casi un compromiso- acercarme un miércoles a vuestro lugar de encuentro.

Un abrazo grande, Nán.

Josep Vilaplana dijo...

Te ruego, Fali, que no sigas por ese camino. Piensa que tengo que subir a mi autocar y la puerta da lo que da. No me gustaría, a estas alturas de la vida, tener que hacerme patrón de yate por una cuestión de volumen.

Bromas a parte, muchas gracias y un beso de montaña.

Pd. Según parece, alguien ha visto merodear el espíritu del Sr. Pavo por el gallinero. Digo yo que no aprende y que estará pensando en reencarnarse en gallina.

Aquí me quedaré... dijo...

Me parece estupendo.
Me extrañó el nombre y ante la duda pregunto.
Digas lo que digas, Nán, eres el hilo conductor y conector de ello.
Es muy bonito.

Besos