sábado, 26 de abril de 2014

A finales de cualquier mes de Abril (Taller Bremen)



De alguna forma, en ese lugar ubicado justo al fondo a la derecha de ningún sitio, el desorden no evita el desconcierto ni este explica la inquietud, y es que todo se halla bajo la sospecha de un significado que aún no sabe ni puede significar. Es natural que en ese contexto todas se observen con recelo temiendo el instante en que las otras se confabularan para configurarse en la seria amenaza de un decir.

Así están, confundidas en esa espera de posibles, aturdidas por la infinita densidad de todos los tal vez, tropezando torpemente con todos los muebles del sinsentido, esperando, en realidad sin saber qué cosa es esperar, que de alguna inconcebible quimera, de algún desasosiego, llegue por fin el impulso, la imperiosa orden que las permita abandonar el caos de todo lo que puede ser dicho.

Muy cerca, es decir, en una no distancia imposible de recorrer, ignorándolas y a la vez presintiéndolas, aguardan como desiertos de arena generosa, como espacios aún inhabitables donde la esperanza de un encuentro fuera posible, las páginas en blanco.

El café sabe escribir si la luz es propicia. En el silencio contiguo caben las impertinencias de la lluvia en la ventana. También permite ese silencio el vértigo y todo lo demás. Ni sus manos ni su cerebro saben aún de qué hablar, sólo una confusa arritmia de palabras asedian su corazón. La penúltima duda repite una y otra vez, entre burlas, su ¿por qué?

Justo en el epicentro de ese torbellino instante ese extraño atleta espera el pistoletazo sin que de momento se vea pista alguna por la que salir corriendo (si lo prefieren: justo en el epicentro de ese torbellino instante mueve la cola ese perro verde entre facturas del gas, platos sucios, acidez de estómago y telediarios; se comprime ese personaje muelle para superar su abismo en dos saltos; se enciende un cigarrillo una historia que quiere desdoblarse en historias).

Nadie sabe nada, ni siquiera él, pero el libro se publicará a finales de cualquier mes de abril.


6 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

Pues espero llegar a ese abril y poder leer y por supuesto entender lo que escribes. Cada vez entiendo menos. No sé darle sentido.
Lo sé, lo sé, es culpa mía.

Buen lunes

Josep Vilaplana dijo...

Quise configurar, sin duda de una forma torpe, ese punto de inflexión en que una persona coje lápiz y papel y encara la hoja en blanco. Lo que sucede es que a menudo me lío como sandalia de romano.

Un beso grandote, Aquí me quedaré...

Aquí me quedaré... dijo...


Debe ser muy difícil enfrentarse a una hoja en blanco y más sabiendo que le van a editar en algún mes de abril.

Compartamos la culpa, sonriendo

Usted se lía y yo soy algo torpe.

Un abrazo


Isabel dijo...

Espero encontrar esa portada que me aclare este torbellino de ideas.
Es la hora de la siesta de un día de ¿fiesta?

Y yo, como mi amiga Aquí, no me aclaro.

Abrazos a los dos.

Josep Vilaplana dijo...

Mis queridas e incomprensiblemente fieles amigas, os confieso que no conduzco mi precioso autocar con el mismo "estilo" -por llamarlo de algún modo- con que escribo, ya que de ser así los viajes podrían ser muy distintos, por no decir caóticos, y sin duda peligrosísimos (trece metros de hierro exigen una forma de redactar lo más clara posible…).

Dicho esto, sólo me resta enviaros dos abrazos y dos besos.

Aquí me quedaré... dijo...

Sonrisa
Hay qus estar a lo que hay que estar. Al autocar.l
Lo demás es, secundario.

No sufras. Mi escaso saber y entender tiene, un motivo importante: lo quieres decir y lo que los demas queramos entender.
Seguro que en el Bremen le entienden bien lo que quieres expresar.
Es por bromear por lo que me meto con tus textos

Buen día a los dos