domingo, 31 de agosto de 2014

Una pequeña maldad sin apenas malicia




En Andorra, como en otros países donde hay montañas y costumbre,  se practica el esquí. Propios y extraños se aplican en subir cuestas, a poder ser nevadas, de muy distintas formas y maneras para después bajarlas según criterio y determinación de cada uno. Hasta aquí la cuestión podría parecer sencilla, otra cosa muy distinta es que lo sea. Que un león dedique la tarde, y sus correspondientes esfuerzos, a cazar una cebra, no debería provocar excesiva controversia, aunque tal vez sí la genere en abundancia que un pingüino se empeñe en tal captura. De ahí nace la bendita risa y no descarto que algunas molestias y espantos. Intentaré ceñir un poco más la cintura de la cuestión y proponerles el ejemplo de un perfil frecuente: mamífero de mediana edad -es decir, si nadie le ve severo inconveniente situaré a nuestro ejemplo entre el nacimiento y la correspondiente muerte-; generoso en carnes y cremas protectoras; no enano pero muy alejado del difícil consenso de la esbeltez; aconsejado en vestimenta y accesorios por algún mortal y despiadado enemigo. Un ser nacido entre cereales, los años buenos, y rastrojos los malos y abundantes. Imaginemos, crueldad benigna, una incomprensible determinación, un brillo mate, emanando de un rostro cuya armonía sigue a la espera de un acuerdo de mínimos.  Con un último esfuerzo, visualicemos a nuestro ejemplo encajado en sendos esquís y salpimentemos el plato con un gorrito embellecido con alegres cascabeles. Un empujón y el resto espero coincidan ver generoso y necesario dejarlo en el umbral del más inabarcable olvido.



viernes, 22 de agosto de 2014

Cinco jóvenes pollas



Son cinco, cada uno con su nombre, aunque en realidad eso nada explica y poco importa.  Son cinco en los gestos torpes de un patético coraje, algo parecido al que escupe al cielo y espera. Son cinco, la cifra resultante de una larga suma de violencias, los retales de innumerables sotanas con olor a macho cabrío, el primer premio extraído de un bombo en cuyo interior giran diez mil cojones y ninguna idea.

Ahí los tienen, siendo sin saberlo un resumen perfecto, una tesis bien escrita de historia contemporánea, deslizándose por la feria (zafia diversión, caspa de colores, olor a fritangas cuyos vapores envuelven un todo vale, sin duda un marco perfecto para cualquier ignominia…¿les recuerda algo?) en busca de una mujer en la que poder ejercer su parcelita de fuerza y poder.

Pero no vayan ustedes a inquietarse, ya verán como la tormenta queda en aguacero y sus cinco jóvenes pollas, eficaces portavoces de la Gran Polla Nacional, son explicadas y matizadas, casi excusadas, en algún que otro rinconcillo intelectual, ya verán como la bestia que todo lo engulle lo convierte pronto en debate de media tarde y chascarrillo. Al tiempo.

lunes, 18 de agosto de 2014

Te recuerdo siempre en la otra orilla



Te recuerdo siempre en la otra orilla, siendo lo que eras sin llegar nunca a serlo, borrando día a día la vida con tu goma incomprensible, dejando los recuerdos sin nada que recordar, siendo el lugar donde la inercia ni siquiera se mueve. Ni brisa ni hoja que se estremece con ella, sino apenas el espacio que ambas no ocupan y en el que sólo suceden las cosas que no suceden. 

Sigues, más que nunca, en la otra orilla, tal vez la única diferencia es que ahora ya no hay río.