miércoles, 15 de octubre de 2014

Porqué me dio por conducir magdalenas (Taller Bremen)




No es cualquier cosa un corazón de trece metros y seis ruedas deslizándose suavemente a esa hora en que la luz aun es algo de la noche (tal vez los restos de una incipiente curiosidad sin opiniones). 
- Buenos días, Sacha. Esa bufanda que llevas es preciosa.
Con solo alzar un poco la mirada puedo observar como los retrovisores van configurando un pasado sin nostalgia, un pasado circular que mañana de nuevo cruzaran; con solo prestar un poco mas de atención, puedo percibir la tristeza de los intermitentes al parpadear sus fugaces adioses, el coraje de un motor que sabe latir sin necesidad de mentiras, la precisa generosidad de un volante que me permite trazar cualquier dirección.
- Buenos días, Dani. Me parece que hoy, en esa maleta, llevas un montón de piedras del río.
Vestido con su camisa de aire, observado por la nieve y por algunos pájaros insomnes, iluminado como un árbol de Navidad caído que no buscara el cielo sino el asfalto, mi querido autobús instaura una precisa democracia de chapa y tornillos en la que todo sustenta a todo. Solo él  se permite ser una cosa siendo otras muchas; ese hacer lo que se sabe sin preguntarse por lo que se es; esa sencilla utilidad en la que se pueden sentar confortablemente los sueños; una nota que no se deja atrapar, explicándose en un pentagrama distinto.
- Buenos días, Violeta. Ayer te dejaste tus guantes. En ese cabecilla deben de revolotear cientos de mariposas.
Casi feliz, me da por pensar en ese alguien que quiso dar forma a este desorden metálico; ese pequeño dios, probablemente con hipoteca y el colesterol por las nubes, que lo empujó desde la nada a morirse al revés; esa voluntad que consiguió meterlo en la vida desde la no vida. Poco se pensaba él que diseñaba un mundo en el que cabían todas las cosas de la noche y del día (no cabe duda que, de saberlo, hubiese exigido inmediatamente un merecido aumento de sueldo).
- Buenos días, Pol. Veo por tu nariz que como mínimo estamos a seis grados bajo cero. Subiré un poco la calefacción.
La carretera es sinuosa y estrecha pero no lo daña, no lo hiere, sino que le agradece que la nombre con su pasar. Amantes sin el peligro del después, se buscan y se esperan, a su precisa manera se quieren, sin más preguntas ni respuestas que no sean las propias del viajar.
- Buenos días, Begoñita. Con tanta nieve y vestida de blanco me pensaba que aun no habías llegado a la parada.
Sucio de risas y esperanzas, un poco tiznado el parabrisas de rutinas bajitas y escolares cansancios, no delimitando, como los automóviles, el absurdo país de lo nuestro, sino haciendo posible el reconocimiento de los otros,  siendo, sin saberlo, lo más parecido a un destino, así lo siento ahora y por ese extraño motivo así ahora debe de ser. 


(Háganme un favor,  si le llaman autobús que sólo sea por cansancio o por el hecho de no saber cuántas cosas puede ser).

8 comentarios:

La Camarera dijo...

Me costaría volver a llamarlo autobús después de leerte. Con tu actitud, no puede ser sino ese "corazón de trece metros y seis ruedas" con el que lo bautizas. Enhorabuena si es así como ejerces ya que, si se insiste tanto en la importancia de un buen desayuno, es porque cualquier apoyo para empezar bien el día es esencial :)

Isabel dijo...

Delicioso. Historias mínimas grandes. Seguro tendrás muchas más.

Me da tanto miedo ir sobre ruedas por la nieve, con mis pies ya ni te cuento siempre aterrizo, que es el oficio que más admiro.
Abrazos.

Josep Vilaplana dijo...

Un buen desayuno para andar por estas cuestas con ese "chiquitin" es algo más que imprescindible. Por lo demás, creo sinceramente que muchas actividades -no todas- pueden revistirse de muchas más significaciones, de muchos más matices, que las comunmente asociadas a ellas. Me gusta lo que hago porque es un cruce levísimo de instantes que pueden sonreir.
Gracias por la visita, La Camarera.

Josep Vilaplana dijo...

En esa "esquinita" que se mueve me encuentro a diario con un montón de biografias de todos los tamaños. Tienes razón, llamarlo autobús sería tan injusto como llamar mula a mi querida Mula. En lo referente a la nieve, llegas a establecer una relación casi de pareja: respeto, cuidado, admiración y algún cabreo.
Como siempre, Isabel, una gran ilusión verte por estos territorios nocturnos y alevosos.

Laura Vallribera dijo...

Molt bé!! ja era hora que sortís a escena aquest company distret (o el distret és vostè?) que l’acompanya dia i també alguna nit. Donar-li protagonisme a una mula ja va ser agosarat, ara donar-li vida al seu bus ha estat valent, el proper...no cal que responguis, ja ens ho trobarem.

En fi Josep, m’encanta saber que hi ha algú que intenta veure l’altra cara del que per la majoria no és res més que un trasto immens que en el millor dels casos transporta.

Petons al bus.

Josep Vilaplana dijo...

El teu comentari, del tot cert, m'ha deixat un xic preocupat. Una mula, un bus i ….. Aquest matí trucaré a la doctora de capçalera per si en lloc de una pastilla poden ser dotze.
Per la resta, aquesta "altre cara" a la que fas referència, crec que és tant necessari buscar-la a tot arreu com l'oxigen que respirem.

Petons agraïts.

eve dijo...

:)

Josep Vilaplana dijo...

Josep dijo…

Muac sense bla