jueves, 15 de enero de 2015

Conversaciones improbables (Taller Bremen)



WOODY ALLEN.  Fíjense, no hay más que mirarlo para constatar que ese hombre es como un toro muleta en una plaza sin nadie.

SCHOPENHAUER. No entiendo absolutamente nada de toros, pero si de representaciones y lo que pueden hacer con ellas las voluntades. Es evidente que ese pobre diablo anda en busca de su idea de la felicidad y pone en ello todas sus confusas energías.

WOODY ALLEN. A los toros, mi querido Messi del razonamiento tristón, se les suele relacionar con el toreo, que es una actividad que consiste en matar sin prisas a esos pobres animales astados, mientras que otros animales, algunos también profusamente revestidos de cuernos, abuchean, aplauden o zarandean pañuelos según la habilidad mostrada por el personaje encargado del asunto, vulgarmente conocido como torero. 

KANT. Permítanme que discrepe. La felicidad no es una idea ni una representación, como tampoco lo son las coles. Ese hombre gira despacio la cerradura a las tres de la madrugada para que no le oigan llegar de su infructuosa búsqueda de la "cosa" felicidad. Existir existe, pero es evidente que el muy imbécil no sabe dónde encontrarla.

WOODY ALLEN. Tal vez no la ha encontrado, pero por la cara que trae yo juraría que ha podido hablar un rato con ella. 

SCHOPENHAUER. Es ese empeño, esa tozudez en perseguir sombras la que mueve el mundo. Si a ese cretino le diera por pedalear, cruzaría el Universo y seguiría un poco más allá. No es infiel, sino mortalmente inquieto.

WOODY ALLEN. Permítanme aconsejarles que pierdan ustedes un poco de altura. Situemos de nuevo al personaje en cuestión en un contexto más entrañable, más próximo, es decir, reptando como una babosa por el pasillo para no ser oído, con los zapatos en la mano y un aliento a carmín y ginebra barata que descorazonaría a Dios si le diera por existir. Prosigan.

SCHOPENHAUER- Es evidente que ese hombre es todos los hombres, y que de su infinita variedad de representaciones nacen la desesperanza y sus correspondientes horrores.

KANT. Eso es creer a un ciego cuando afirma que el sol no existe; confundir la torpeza con la nada, el no encontrar con el no hay. 

SCHOPENHAUER. Eso es ser honesto y admitir la derrota; casi una forma de salir victorioso de este despropósito. Por lo demás, es sabido que la historia de este absurdo teatro  llamado humanidad está repleta de personajes que regresan de madrugada a casa después de escenificar la patética obra que propiciará de nuevo el   burdo engaño. Pésimos actores, sucios de culpa, masticando excusas y justificaciones, y anhelando la ducha caliente de una redención que confían les aliviará de la insolencia de ese horrible perfume con olor a fracaso. 

KANT. Insisto en que nuestra noche da acogida a la verdad, lo que sucede es que al no saber encontrarla, nos emborrachamos y nos confundimos, nos tambaleamos y al final amanecemos en algún callejón pestilente.

SCHOPENHAUER. Ignora, o se fuerza usted en olvidar, que no anhelamos una cosa porque sea buena, sino que nos parece buena porque la anhelamos. Ese hombre utiliza al inquilino de su bragueta para mentirse, y lo cierto es que cualquier anhelo es una burla provocada por la representación de algo inexistente.

WOODY ALLEN. Ni que decir tiene que ustedes dos son los amigos perfectos para aliviar una indigestión. Uno con el no se puede porque no hay, y el otro con el no se puede porque no se sabe, empujarían al suicidio, de no ser porque ya está muerto, al mismísimo Nelson Mandela.

SCHOPENHAUER. Usted hace broma porque tiene miedo; admítalo.

WOODY ALLEN. Y ustedes hacen miedo porque apenas tienen broma; reconózcanlo. Si toda vida humana oscila entre el dolor y el aburrimiento, yo intento paliar lo segundo para hacer más llevadero lo primero, mientras que ustedes escarban en la herida para que no haya forma de olvidarlos, ni a ustedes ni a la tenaz herida.

KANT. Señores, un poco de calma por favor. Bajen la voz que nuestro cretino infiel parece que ya duerme plácidamente. Por esta vez mi "cosa en sí" tendrá que esperar, como también tendrán que hacerlo sus "voluntades" y "representaciones", así como cualquier cosa que guarde algún parecido con su sentido del humor hipocondriaco. 

WOODY ALLEN. Por cierto, me gustaría advertirles, por si la altura de sus vuelos  no les ha permitido percatarse de ello, que ese hombre que ha propiciado esta improbable conversación vive solo desde hace más de treinta años, y que por lo tanto estamos ante un caso de infidelidad absolutamente creativa y genial. Si han prestado la debida atención, lo habrán visto tomar todas las precauciones del mundo para no sorprenderse a si mismo en su autoengaño; entrar de puntillas en su casa para no despertarse; mentirse con descaro cuando ya en la cama, completamente solo y al preguntarse de donde vienes, se ha contestado, con voz trémula, de una reunión de trabajo para luego murmurar, muy flojito y justo antes de dormirse, un "no te creo".

SCHOPENHAUER. Pura representación.


KANT. Un "idiota en sí".

2 comentarios:

Isabel dijo...

Por mi madre que estas gentes se han leído el relato de Nán. Y no has podido escoger a otro mejor como Wody, que las infidelidades suyas sí que fueron reales (cuando estaba rodando Maridos y mujeres su mujer, Mia Farrow, descubrió que se estaba tirando a su hija adoptiva), para bajarle los humos a estos dos.
Muy bueno, como siempre.

Josep Vilaplana dijo...

Esas gentes no se si se han leído el relato de Nán, pero como tú bien sabes, yo si que comparto contigo desde hace tiempo el placer de leerle. En lo referente a esta "conversación improbable", es apenas un esbozo deshilachado -según mi escaso entender- de tres formas de encarar esta cosa llamada vida desde la perspectiva de esos tres personajes.
Te agradezco tu lectura, tu comentario y tu amistad.

Un abrazote.