jueves, 29 de enero de 2015

Los suspiros del hipopótamo (Taller Bremen)



No era la primera vez que le daba una segunda oportunidad; en realidad era la tercera y eso sin tener en cuenta otra que le había dado hacía un par de meses y que decidí no numerarla. Ni que decir tiene que al principio, en ese cielo de sobremesa, revoloteaban todas las esperanzas como golondrinas esnifadas, y  que los primeros versos se me presentaban recién duchados y con la carita de inolvidables: 

Hay mariposas locuaces 
posadas en el mar; 
hay colibrís que opinan 
que falta cielo en cada flor.

Me confié, quise creerle -tal vez por cansancio o porque el invierno venía largo- y le dejé meterse entre las sábanas de lo que escribo. Pasaron los días, algunos de ellos incluso con sus tardes,  y el arrebato de lo reciente se esforzaba en ocultar cualquier mal presagio. Sobre la mesa, entre un desbarajuste de papeles, iban apareciendo las palabras que yo esperaba ilusionado: 

Hay sirenas inquietas 
por un clamor de sardinas; 
hay leones que padecen 
de alopecia irreversible. 

Recuerdo que el espejo me mentía con piadosas verdades: ¡soy poeta, soy poema! y mi cepillo de dientes, como el arco de un higiénico violín, salpicaba el aire de alegre música. Pero es sabido que las sombras nada saben de educación ni modales, y que se suelen presentar, sin previo aviso y con los zapatos embarrados, para ensuciar  todas las cuartillas: 

Hay elefantes que sueñan 
con posarse en una rama; 
hay cebras que recitan 
línea a línea su poema. 

Se acabó de pronto la altura; ya no quedaba nada parecido a una cima que alcanzar; lo que se hacía llamar montaña apenas era digno de nombrarse montículo. Como era de prever, durante algún tiempo se instaló en casa el disimulo, también me visitaron las suspicacias y algunas acusaciones; los dos bailamos sin ganas la patética danza de las reconciliaciones: 

Hay hipopótamos que suspiran 
por un beso de gacela; 
hay mulas deprimidas 
por su excéntrico linaje; 
hay enormes osos blancos 
en cualquier congelador. 

Vanos esfuerzos por mantener con vida lo que a todas luces ya era un cuerpo insepulto. Nos dejamos no sin antes regalarnos, a modo de despedida, una sonrisa que quiso ser hermosa. Luego volvieron los huecos y las burlas de las horas sin nada, el bofetón de la página en blanco, el invierno cobijándose en las manos, los innumerables lunes enquistados en cualquier viernes, la espesa música sin notas ni silencios, sin baile. Fue justo un poco antes de que la bestia del olvido le diera su última y más feroz dentellada que encontré la nota en que, con letra menuda y clara, se podía leer: 
- ¿Crees que merezco una cuarta sin quinta ni sexta oportunidad?
Nací fácil y crecí absurdo, siendo muchas las noches que crucé decididamente idiota, por lo que le dije que sí. Se presentó vestido de domingo,  con un gran ramo de rosas color perdón y escrita, en un papel azul, su muy particular idea de un final feliz: 

Y luego están también los bosques,
y el desierto,
y las hormigas, 
y mi nombre,
y otras muchas ficciones 
que fatigan día a día
la sustancia de la nada.

De todo esto han pasado ya algunos meses y, afortunadamente, muy pronto vino la risa a socorrernos. Con el rodar cuesta abajo del tiempo hemos aprendido a querernos precisamente por fallidos e incompletos, a respetarnos por errados, a perdonarnos por el reiterado incumplimiento de todas nuestras segundas oportunidades. Con el paso del tiempo hemos aprendido, mi poema y yo, a desaprendernos eficaz y felizmente.


3 comentarios:

Laura Mencia dijo...

Bello diálogo entre la ola y el mar, la verdad y la mentira, la duda y el deseo, la ficción y la otra ficción, el símil y el inverosímil, el creador y el creado. Lo aplaudo!

Josep Vilaplana dijo...

Disculpas, Laura, por no haber contestado antes…no se si te he llegado a comentar (claro que lo se, pero así juego un ratito al abuelo desmnemoriado…) que he estado en Tailandia para besar a mi hijo, a José y a mi nieto Mario.
Sólo insistir en la importante que es para mí tú percepción de las cosas que escribo.
Con un poco más de tiempo y energías (he llegado con unsa hermosas anginas regalo de los contrates térmicos de Tai), me gustaría que me comentarás todo lo referente a la publicación de tu libro (una excelente noticia…).

Molts petons i petons molts.

Laura Mencia dijo...

Quan et recuperis, parlem de tot! Petons!!