jueves, 5 de marzo de 2015

Los pájaros llenos de cabeza (Taller Bremen)



Como decía el imprescindible Bergamín, tengo algunas ideas liebres, y ella que se reía  con toda la felicidad que cabe en una risa y le decía que lo que él tenía era los pájaros llenos de cabeza, y luego se sentaban en cualquier sitio y jugaban un rato a maldecir y, sin apenas darse cuenta, el tiempo y las esperanzas les dejaban de joder con su insoportable canción de una sola nota.
- Malditos sean todos los linces ciegos a los que les da por gobernar.
Y él que miraba de reojo el botoncillo rojo que prometía verdades de las buenas.
- Así revienten los minutos que sólo tienen sesenta segundos.
Y ella que inventaba mariposas y las ponía a volar como si nada.
- Me cago en todos los martes que no saben reír.
Y él que hacía funambulismo en la cuerda azul de su mirada.
- Que les den por el culo a todos los que sin tener culo no paran de cagarla.
Y ella que, de haber existido, no le hubiese dejado otra salida que amarla.
Pero las cosas son como son, y en su cabeza jamás revoloteó otra cosa que no fuese el infinito cansancio de no estar cansado, ese tedio de lo correcto que no pesa ni huele, y así, claro está, sólo te pueden amar los ascensores y los lunes -no todos- de algunos meses de Febrero. 
A su favor hay que decir que de todo ello, y con el paso de los años, quiso pedir perdón pero ya no supo ni a quién ni de qué. 

Si esta mínima historia les ha parecido triste, cabe la posibilidad de que lo sea.


7 comentarios:

Laura Mencia dijo...

Sí, tristísima. ¿Cabe la posibilidad de que ese año sea año bisiesto? ¿Y de que una maldición lleve a un suspiro y éste a un bostezo y éste a una risa ancha? ¿Y de que una mínim historia rompa correcciones y normativas y transmita estados de ánimo que su autor no sacó de su equipaje?

yo dijo...

Pues, dejando en un rincón sentadita y contra la pared a esta perezosa ineptitud para expresarme de la manera en la que lo hacéis algunos barra algunas, he de decir que a mí, no me ha parecido tan triste. Es más, estoy segura que aprendieron a amarle también las escaleras -tomándose su tiempo claro- alguna contraventana que otra, y más lunes de los que parece.

Josep Vilaplana dijo...

Hace un rato he hablado con el autor y me consta que posteriormente este lo ha hecho con sus estados de ánimo. Dice que tal vez si, que de su equipaje incluso han llegado a salir chisteras y de ellas suaves y tristes elefantes…También me ha dicho el autor que todo lo que escribe es pura ficción, eso si, basada en hechos absolutamente reales. Por suerte, yo me limito a conducir autocares y a cortar leña, aunque recuerdo que una vez conseguí suspirar justo en el momento que bostezaba, sin abandonar por ello una risa ancha.

Petons, Laura, i gràcies per la teva lectura curosa...

Josep Vilaplana dijo...

Si a ti no te ha parecido triste, Yo, es que no lo es. Cada lectura es como una pequeña editorial que se lanza a publicar, en tiradas de un ejemplar, un nuevo e inédito libro. Por cierto, me encanta la posibilidad de que alguna contraventana me quiera.

Abrazo grandote.

yo dijo...

Hola otra vez
En la entrada "La historia que ustedes no sabrán", he intentado aclarar quién soy "Yo"... yo... ¡¡Qué lío...!!!

Espero haberlo conseguido.

Un abrazo mío y otro de una contraventana del cuarto piso, del portal número 2, de la calle del suspiro que voló bajito.

Isabel dijo...

Pues a mí esta historia bella y loca me parece de lo más alegre para echar a volar mi cabeza.
Buena foto, tengo un plumero igual que me lo acabo de colocar.
Abrazos.

Josep Vilaplana dijo...

Creo sinceramente, querida Isabel, que en las cabezas buenas, y también en las imprescindibles, revolotean pájaros que a la vez tienen sus cabezas llenas de pájaros y así sucesivamente. Una cabeza sin ellos sólo sirve para que el cuello no termine de una forma tan grotesca.

Abrazos plumados.