lunes, 29 de junio de 2015

Un azar, seis esquinas -Taller Bremen-



-PRIMERA ESQUINA-
"Esa tarde al hardware le patinó, por una sobrecarga de vete a saber, el software. Algo parecido a pasarse de frenada y atropellar al jubilado que sale de la oficina bancaria con su libretita actualizada. El vetusto programa que utilizaba el Ministerio de Reproducción para gestionar las cópulas, y así conseguir que cada "A" conozca y se aparee con su "B" y que de esa eficaz unión nazca un "C" moldeable y con un encefalograma marcadamente mesetario, se jodió. Ahora "A" escribe versos, algunos fallidos y otros peores, y sentado frente a ella "B" se mece las barbas impares  mientras espera en vano que una príncesa de ojos verdes, enana y dopamínica, doble la esquina. Pura infelicidad ficción."

-SEGUNDA ESQUINA-
"Al mirarle el culo supo, sin saberlo, que ese amor vendría con metástasis. Ella no fumaba, pero de hacerlo hubiese sido hermoso ver, al girarse, como el humo añadiría cansancio a sus ojos verdes -en algún lugar del fatídico encuentro, un poco de menta plantada en un tiesto empatizaba en silencio con ellos-.
- Es hermosísima -se dijo para sí Ernesto-.
- Pero no es para tí -se contestó para sí Ernesto-.
- No, claro que no -le hubiese contestado cualquiera a Ernesto de no ser porque esa tarde estaba solo-.
Y respiró aliviado por todo lo que no tendría que decir. Y entonces el semáforo decidió convertirse en destino. Y se miraron. Y llevan treinta años mirándose. Y aun no saben qué cojones vieron el uno en el otro para acumular tanta tenacidad."

-TERCERA ESQUINA-
"Quiso el azar llevarlo hasta sus brazos, acordando poco después con el infortunio dejarlo en ellos. Dobló la esquina el pobre infeliz y allí se toparon los tres: la esquina que esperaba sólo por esperar que alguien la doblara; ella, que supo sacarle partido a la súbita doblez; y él, algo doblado ya por el peso de todas las esquinas venideras."

-CUARTA ESQUINA-
"Un moscardón ensuciaba el silencio que los ojos de ella vertían. Sentados uno frente al otro, vacíos, sin más protección ni alivio que un estúpido diario deportivo que temblaba levemente en las manos de él. Hacía ya mucho tiempo que algo los había dejado enzarzados en esa soledad en la que uno y uno no son dos, sino nada. Demasiado tiempo para intentar deshacer la broma de un azar, unos ojos verdes y una esquina.
- Mañana, a las once, vienen a revisar la caldera. Espero que no venga el del año pasado. Menudo imbécil.
- Ya.
- ¿Vendrás a comer?
- Te llamo
- ¿Me quieres?
- Ya.
Durante un instante el moscardón quiso saber algo de la tristeza y el cansancio y se quedó quieto. Sólo el tiempo necesario para que una lágrima increpara a Dios como se merece."

-QUINTA ESQUINA-
Un tipo decide darle sentido a la esquina y la dobla. Dos palomas cosen despacio lo que podía haber sido una tarde de Mayo. Una mujer quiere ser bonita en ese instante. Se escucha el ruido de cristales rotos tras el topetazo de sus miradas. El verde de sus ojos mancha la luz y el aire. Un escritor toma nota mental de la escena pero luego pierde la libreta. Arranca la absurda máquina del porvenir su motorcillo de tristeza. Nadie se da cuenta, pero ahora ya es nunca y después.

-SEXTA ESQUINA-
La esquina, situada en una estratégica librería, está flanqueada por algunas palomas y no pocos olvidos. Parece recién puesta, pero en realidad está ahí desde mucho antes de que el primer azar aceptara el juego. Mal actor, pésima actriz, ambos interpretan como pueden la escena del encuentro. Luego vendrán los bolos sin nadie en las tardes de domingo y la precisa liturgia de ese evangelio que proclama los alrededores de un entrañable infierno. Si alguien quisiera fijarse, vería como en el verde de sus ojos se cobija la levísima ternura de todos los fracasos.