sábado, 18 de julio de 2015

Cosas mías (-1-)



(Escribir)
Escribir es la forma que tienen de ejercitar la memoria aquellos que pretenden olvidar acordándose. Entrañable tropel de ciegos que todo lo miran sólo para dejar constancia de que nada ven.

(Lichtenberg)
Según parece, Lichtenberg expresó su convicción de que, sin sus escritos, se hablaría de cosas muy diversas entre las seis y las siete de cierta tarde alemana del año 2773. Pues bien, hace ya algún tiempo que ando con algo más que con una sospecha de que, sin los míos, entre las seis y las siete de esa misma tarde alemana, tal vez llueva si es que ha de llover. Ya veremos.

4 comentarios:

Noite de luna dijo...

Buenos días:

No estoy muy de acuerdo con la primera parte de tu entrada.

Puede que esté equivocada, pero escribiendo no se memoriza nada.

¿Serías capaz de saber de memoria un texto escrito hace quince días, nada más?

Pero seguro que recuerdas canciones aprendidas de pequeño, de tanto y tanto repetirlas con la voz y no con un lápiz.

En teatro decimos que a memorizar se aprende memorizando. Es decir, repitiendo los textos -hablados- una o mil veces.

Como he dicho antes, puede que esté equivocada.

Y como la segunda parte no la entiendo, pues no digo nada de nada (Risas)




Josep Vilaplana dijo...

Mi querida Noite, suele ocurrir que yo mismo esté en desacuerdo con lo escribo, como un "pessoa" (así, en chiquitín, con minúsculas y con perdón..) de montaña, que no le importa contradecirse y que se siente muy alejado de cualquier verdad o razón que pretenda emanciparse de ese único instante en que habitó. Digo estas tonterías sólo para decirte que estoy de acuerdo contigo: escribir no es memorizar, ni nada parecido. Con mi cosa/frase sólo intenté, como de costumbre de forma "retorcidilla" y sin duda fallida, describir esa arrolladora pulsión que es escribir y que tal vez consiste en un querer "acordarse" de todo, de "comprimirlo" todo, de "nombrarlo" todo, y que tan cerca anda, y tanto se parece, a la ternura y al deseo de olvido.
En lo referente al segundo párrafo, pues apenas se trata de un pequeñísimo homenaje a un escritor que llevo pegadito en el riñón derecho. Hombre con un exquisito sentido del humor y que, con un par de pinceladas, hacía tambalear los sólidos edificios de las verdades resecas y envaradas. Creo sinceramente, querida amiga, que una buena parte de nuestros males -por no decir de todos- es una falta enorme de perspectiva. Cuando me imagino que será de todo lo que digo -escribo- y hago en esa tarde alemana del año 2773, pues me da una risa que no te puedes imaginar.
En fin, que si me quedo con algo de este par de tonterías, es con la alegría de saber de ti.

Un beso.

Isabel dijo...

No sé quien dijo que lo que no se nombra no existe.
Yo me alegro de leeros aunque de tarde en tarde porque, a mí que me gusta el verano, éste me está derritiendo la sesera, y si leo no comento y para comentar, claro, hay que leer, como hago ahora poniéndome al día.
Ahora suelo escribir poco, y, a veces, lo hago como para no olvidar, pero sí experimento que cuando lo he volcado en el papel lo olvido antes, como si al echarlo y tenerlo seguro no hiciera falta recordarlo. Yo es que soy más simple que la ratita del cuento.

Hace mucho calor para abrazaros, pero no dejáis de estar en mi recuerdo.

Josep Vilaplana dijo...

A veces me da por pensar que nosotros no existimos hasta que las cosas no les da por nombrarnos. Sin ir más lejos, yo creo que casi existo gracias a mis coles, que al regarlas suelen nombrarme muy flojito. Como ves, mi querida Isabel, nunca debí de abandonar el tratamiento.

Por lo demás, yo si que te envío un abrazo "caluroso" y veraniego, y que sepas que un servidor es más ratoncillo que un simple cuento….de ratones coloraos.