viernes, 15 de enero de 2016

Ciento volando (Taller Bremen)


LUNES 
Según parece, las locomotoras no dudan y los vagones no saben; tal vez sea por eso que a lo único que presto atención de los trenes es a su paisaje.
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Los días de lluvia perdemos identidad, consistencia, nos desdibujamos bajo una luz que no necesita exactitud ni permanencia (necesaria distorsión de los contornos que erróneamente reconocemos como nuestros). Se abre entonces, como una flor de cristalina nada, un hueco esencial en el que es posible refugiarse de los nombres de las cosas. Los días de lluvia no mienten.
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Picotea el pájaro nocturno muy cerca de los apellidos. Es un juego sin risa para poner a prueba el miedo de todos aquellos que no quieren jugar al todo y olvido.
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Palabras que desconoce un pez: Neptuno; esperanza; humedad; submarino; trompeta;  pecera;  fe;  compasión; pez.
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Habrá que andarse con cuidado; caminamos descalzos por los cristales rotos del alma.
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Kevin Carter. Premio Photo Press 1994.
Dios creó al buitre y permitió el hambre. Enflaqueció al niño y engordó al tirano. Inventó las imágenes y nos condenó a verlas. Impuso un orden y nos dejó opinar. Hizo estallar el Universo y nos dio un idioma para poder contarlo.
Si Dios fuera nuestro padre, deberíamos abandonar inmediatamente su hogar.
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La necesidad inaplazable de ti, de mi idea de ti, que eres tú sin serlo.
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La chica del restaurante. Ningún misterio es más profundo que el pequeño agujero de tus medias. Nada más triste ni más alegre, nada más cierto e incomprensible, que esa pequeña herida sin sangre que te reviste de infinita soledad y ternura.

MARTES
Escribir la historia de dos hombres sin el menor rasgo de egoísmo que coinciden ante una puerta. Pasan los años y no consiguen cruzarla.
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Obviedad: la vida se cura con reposo absoluto.
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Se puede hablar por hablar; hablar para no estar solo; hablar por miedo al prójimo e incluso hablar para poder tener una opinión.
Se puede callar por callar; callar para no estar solo; callar por miedo al prójimo e incluso callar para poder tener una opinión.
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Un perro en la autopista es una metáfora precisa.
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Escribir es barnizar una y otra vez la carcoma para protegerla de la insaciable vida.
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Las palabras van llenando los espacios, se van acomodando en los rincones hasta conseguir que el filo de la noche no nos preste atención.
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Tema para una reflexión trascendental. ¿Por qué no solemos pedir pies de cerdo en el restaurante cuando se trata de nuestra primera cita?
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Navidad. Cuelgan sus abrigos en mi nariz y siguen parloteando.
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De las cosas de la muerte me ocuparé cuando esté muerto; de los sueños, cuando sueñe; cuando os preste atención, del infierno; cuando te vayas, del olvido; cuando llegue el cansancio, del tiempo; pero ahora sólo quiero ocuparme de ser la lluvia que está lloviendo y de llevar los niños al colegio.
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Es harto difícil follarse una cuestión.
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Propósito. Escribir con los ojos lo que otras manos tal vez lean.

MIÉRCOLES
Me gusta comerme la geografía; beberme los paisajes.
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Si se atrapa una mosca en un vaso se consigue una bella metáfora del hombre y su destino: cielo aparente; soledad absoluta.
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Música para una boda. Bob Marley se fue a la ermita y de nuevo aparecieron lobos bipolares aullándole a una luna poblada de notarios. A partir de ese instante Buñuel se hizo previsible, Max Aub funcionario y la noche un largo y preciso calvario. 
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Alejandra Pizarnik. Dijo poema // Se comió sus vísceras. // Luego ya no supo quien cantaba // ni de que mar huía su ola. //  Saltó a la nada // triste de sonrisas.
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Recuerdo la fábula del cazador que quería cazar la luna y aunque nunca lo consiguió logró convertirse en el mejor arquero del mundo (no puedo dejar de preguntarme por la luna y su previsible risa; por el cansancio del arco; por la opinión de la flecha; también por la extraña tozudez de lo excelso).
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Tus pies descalzos, // bajo la mesa, // y en tu risa // todo el olvido que deseo. 

JUEVES
El calamar, como el escritor, suelta tinta para escapar de sus feroces depredadores.
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Como un mago sin chistera, saco los conejos de mi mismo (intentar no inquirir el sentido, sino dárselo).
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Por la callecita sube el dinosaurio con la tranquilidad del que se sabe extinguido.
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Constatación: la idiotez es transcultural,  transnacional, transoceánica y transportable, pero en absoluto debe considerarse transitoria.
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La flecha sabe más que la estupidez: si no llega, cede.
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Pánico en el supermercado. Una merluza con los labios perfilados habla como si los dioses hubiesen desertado. Regurgita palabras sin digerir; emite sonidos altamente contaminantes; no sabe lo que dice pero insiste, immisericorde, en decirlo. Una merluza con los labios perfilados habla como si los dioses nos hubiesen abandonado.

VIERNES
El único que sabe de amor es el rebeco; el hombre, como la mosca, interroga el cristal.
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El verano se le subía despacio por los muslos. Breves y tristes suicidas merodeaban su instante. No había más tiempo que su piel.
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No existe límite alguno en lo que a sanar al prójimo se refiere. Tanto es el bien que algunos te desean que serían capaces de cualquier cosa, incluso de eliminarte a pedradas, para ayudarte a conseguirlo. Habrá que protegerse de la bondad, esa monja atómica lanzada sobre Hiroshima.
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Patentar. Para incontinentes verbales, compresas todo plumas pero con nada de alas. Evitan manchas y desagradables olores en las conciencias ajenas.
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Las ventanas, con su mirar pausado, saben de todo lo innecesario. Prueba de ello  es que en cualquier bar hay gente que les da la razón mientras beben cerveza y se enredan, sin ganas, en el oscuro ovillo de lo que no puede ser nombrado.
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Buscaba un modelo, una guía, una verdad, una fe; tal vez tenía miedo. La nieve, sin prestarle la más mínima atención, oficiaba su silenciosa liturgia.

SÁBADO
La mentira es el origen de todas las cosas. Alguien tuvo que mentir, es decir, no ajustarse a ninguna verdad, para crear el mundo.
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Militaba en la verdad. Esperaba un premio sólo por esperar. Algunos domingos negociaba con Dios un intercambio de dudas por eternidad.
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Postal de Bilbao. Cada chapela lleva puesto su hombre y la suma de esos hombres, desde ese instante suyo noble y pausado, configura de forma incomprensible la ría y el verde sucio con que el tiempo la nombra. Oxido, vino y una espera de sal y orgullo, algo parecido a un pacto de reciedumbre. Luego están la lluvia y sus cosas; las sombras atrapadas en algunas miradas; ese cielo que sólo quiere ser de allí;  los vozarrones que se alzan por encima del destino para luego volver al mar; las barcazas arrastrándose entre esto y lo otro, casi obscenas, deliberadamente indiferentes al olvido y sus quehaceres; y los peces, que a pesar de lo que digan los ávidos y los necios, ni son ni quieren ser otra cosa que peces. 
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En el país de los mentirosos, una mentira es verdad (menos x menos = más).
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Fe de erratas: el pájaro no goza de libertad, sino de alas.
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Aviso. Cualquier día de estos me desobedezco, me acoso, me denuncio, me despido de una forma tan completa y absoluta que de mi actividad mal remunerada sólo quedará el hueco de una risa a las puertas de la nada.
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Hechas las pruebas pertinentes, y a pesar de los patéticos esfuerzos de príncipes innumerables, se ha podido constatar que la rana era sólo rana y a Dios gracias.  
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Somos un curioso invento en busca del para qué.
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No debería fiarme de todo lo que me dicen; en la boca pueden prosperar más de 400 variedades de bacterias. 
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Se da en Galicia una cierta confusión de elementos entre lo mineral y lo vegetal. Que yo recuerde: un farol árbol con su floración de luz; una piedra musgo, húmeda, esponjosa, triste por no recordar nada a pesar de que desconocía el olvido; un río de metal inquieto; un bosque cuchillo buscando el cielo para saldar alguna deuda antigua de sombras y silencios. También una calle en la que ardía la noche, un perro quieto y herrumbroso y un pueblucho que no sabía donde ir.
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Escucharía de buen grado sólo a los nacionalistas que no saben que lo son por idéntico motivo que gusto de contemplar a los pájaros porque desconocen su aérea condición (dicho de otra manera: me gusta el pulpo gallego porque no sabe que es un pulpo y mucho menos que es gallego).

DOMINGO
Miles de personas mueren cada año por picaduras de serpientes. Miles de serpientes mueren cada año sin haberme picado.
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París. Criadas negras pasean niños blancos por los verdes parques en una tarde gris (orden social cromático).
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Según se mire, todo es igual. Si prescindimos de la esperanza, de cualquier esperanza, una mula y un jarrón de porcelana son exactamente lo mismo.
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Escribir es una compleja forma de eyacular. Soltamos algunas palabras con un leve estremecimiento; luego viene la tristeza a amargarnos el polvo literario (tal vez si Kafka hubiese follado a discreción no habría escrito ninguno de sus libros).
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Me sé de memoria todos los tobillos.
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Diría que ha pasado un día, pero lo cierto es que no tengo la más mínima idea de dónde venía y hacia dónde se ha ido.
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Os voy a decir palabras para que vosotros me expliquéis lo que no significan. Os diré luna y bizcocho para ver si sois capaces de no saber qué es luna y bizcocho; de comeros la luna y dejar que la luz del bizcocho se pose en vuestras sábanas. A ver quién es el listo de no saber todo lo que sabe.
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Duda metafísica. Si Él es el impulso y yo la bicicleta, quién cojones toca el timbre.
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No hay manera de ser algo durante un buen rato. Apenas me descuido, y ahí estoy de nuevo siendo nada entre nada.
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Amo tu inteligencia, agazapada entre el silencio de los cañizos de la muerte.


2 comentarios:

Isabel dijo...

Tengo la sensación de que escribir una palabra aquí es emborronar esta sabiduría que destilas. Abrazos admirados.

Josep Vilaplana dijo...

Pues yo tengo la sensación de que cuando escribes algo aquí me dan ganas de bailar.....

Abrazos agradecidos, Isabel.