domingo, 5 de junio de 2016

Será en los entresijos de lo que ha de suceder (Taller Bremen)



  Amanecerá solo para él, y a nadie se le ocurriría poner en duda que, en el devenir sin fisuras que le espera, esa extraña y firme convicción le seguirá colgando de su espléndida sonrisa. Como nadie dudaría de que las cosas se apretujaran asombradas para verle llegar; que se optimizaran los espacios para darle cabida. Incluso sus calcetines finísimos de hombre eficaz aguardarán como de costumbre en el cajón, con gran alborozo y no menor alegría, el momento de exquisita complicidad en que cubrirán unos pies, los suyos, que a pesar de sus pronunciados juanetes, nunca dejarán de ser pies vencedores.

  Ni que decir tiene que algunas mujeres que aun lo ignoran le esperaran en ese cruce de poder y humedad en el que se suelen encontrar aquellos que nunca se reconocen, ni falta que les hace. Ya llueve en esa mañana espléndida que acogerá todas las saciedades posibles. Una lluvia que tal vez será triste y sucia para casi todos, pero no para él, que seguirá inmune a los claroscuros de cualquier transcurrir,  a los cristales sucios y cansados de los cafés, a las sirenas de las ambulancias y a casi todas las esquinas que, con las manos en los bolsillos, se suelen torcer solo por costumbre, como una levísima impostura, un imperceptible desprecio, ante las cosas que apenas importan.

  Quién sería capaz de prever que bajo esa misma lluvia, acechándolo como un depredador desdentado, alguien, sin motivo alguno, irá al encuentro de ese futuro sin mácula. Será en los entresijos de lo que ha de suceder, que el aturdimiento de una noche sin sueño le impedirá, a ese don nadie hecho de pedazos de algo sin sustancia, descifrar por un instante lo que le gritan las franjas rojas y blancas del paso cebra. Será bajo esa misma lluvia que caerá sin ganas que de pronto oirá el frenazo. Alguien, asombrosamente parecido a él, bajará lívido del coche y quedará atónito ante la postura de un cuerpo que se ira perfilando, aquí y allá, con un viscoso repunte de sangre y derrota.

  Faltará un zapato en ese vulgar horror, y un calcetín finísimo de hombre eficaz, abrazado a su juanete, inaugurará algo muy parecido a una inmensa y risible orfandad, a un preciso e irrefutable desamparo.


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