domingo, 23 de octubre de 2016

Apuntes para el Piratilla Valiente -6-



¡Lo hiciste, mi querido Piratilla Valiente! ¡Por fin has pronunciado ese sí quiero que viene de tan lejos! ¡Por fin has decidido dar el intrépido salto a esta hermosa pregunta! Ya estás aquí, resumiendo a tu manera un misterio que ha optado por dejarse querer; dibujando, de un solo trazo, ese asteroide de ternura que nos ha quitado la razón para dejarnos solo el cielo; ofreciéndonos un pequeño infinito al que poder abrazar. Tres quilos setecientos gramos de un Universo que cede sinsentido. 
¡Bienvenido, mi pequeño mensajero! 

23 de Enero del 2015.




viernes, 21 de octubre de 2016

Geometrías cansadas -versión primera persona- (Taller Bremen)




  Daban las diez en el viejo reloj del frenopático, aunque bien podrían haber dado las siete ya que allí el tiempo nunca ha sabido cómo transcurrir. Yo estaba de pie, esperando en un pasillo cuyas baldosas, con su geometría cansada, definían a la perfección cualquier locura; mirando sin ver todo lo que había a mi alrededor.   Recuerdo que mi mano izquierda temblaba ostensiblemente, la derecha también. El que algunos afirman que soy, esa ficción a la que le han puesto mi nombre, Andrés Capella, nada sospechaba en ese momento de que serían seis largos meses los que, en ese no lugar, agazapados en el hueco de algo parecido a una pesadilla, le aguardaban. Más de medio año en el que, a pesar de todos los tratamientos, no conseguí ninguna mejora. Preso de mi enajenada rutina, emborronando día tras día cientos, tal vez miles, de folios siempre con la misma frase: "Me deslizo lentamente, con mi mejor sonrisa, hacia una profunda tristeza".
  Un manto rígido, inamovible, como nieve sin voluntad alguna de deshielo, que cubría mi único pensamiento. Una y otra vez escribiendo las mismas palabras, en el mismo orden, y musitando en voz baja, como la absurda plegaria a un Dios desatento, "hay que mejorar, hay que mejorar". Ese era el bucle, la desesperanza en la que me arropaba. Convenientemente etiquetado, catalogado y profesionalizado, nada ni nadie podía -ni tal vez quería- prever el fondo de ese abismo.
  Hasta aquí lo que me sucedió sería una versión vulgar de lo que suele suceder, otro borrador inacabado de ese pésimo guionista a sueldo de las vidas como la mía, de tapa blanda y ocasión. El portazo me lo dio mi sobrino, que con sus seis años y sus diez mil rizos deshizo el entuerto entre dos juegos, un vaso roto y algunas risas. 
  - Estate quieto y deja de ensuciar esos papeles, Kevin. Anda, dale un beso a tío Andres y dile que se mejore.
Cruzando el folio en diagonal, con letras gruesas y desobedientes, como si todas a la vez hubiesen decidido romper filas, pude leer: "Me eslizo entamente con i meor tistesa hasia una pofunda sonnrisa".
  Es probable que en el recuento rutinario que suelen hacer un poco antes de las nueve, se percataran de mi ausencia. Salí de allí caminando despacio y casi alegre, la cámara de seguridad sabe que no miento. De eso hace ya mucho tiempo y nada han podido saber desde entonces de mí, aunque, bien mirado, eso   tampoco tiene nada de excepcional. ¿Acaso hay alguien que sepa algo de nadie?




viernes, 7 de octubre de 2016

Apuntes para el Piratilla Valiente -5-



Tu bisabuela Begoña nació en Bocos. Un pueblecito con apenas cuatro casas que se apretujaban como podían para protegerse del frío feroz y del olvido rabioso . Un lugar que bien podría haber sido un sueño extraño; con su casi nada y sus quehaceres; con sus largas noches y sus niños con los pantalones remendados; con las cosas de la historia cuando le da por escribirse con sabañones y letras muy chiquitas.
Tu bisabuelo Ricardo no nació en Bocos, pero sabía bailar y aún hoy conserva esa hermosa sonrisa de la que tú, de alguna forma, eres una precisa prolongación (por cierto, parece que vuelve a andar, aunque sea imitando a los pajarillos cuando son recientes y aún les pesan demasiado esas tardes sucias de invierno remolón al que le cuesta despedirse).
Ahí están los dos, pendientes de los rumores que indican, como feliz probabilidad, que el próximo sábado -a tus nueve que serán nuestra tres- inauguras el baile (parece un juego eso de que vivamos en horas distintas; me divierte mucho enviarte un beso tan grande que necesita seis horas para poder caber entero). Ni que decir tiene, mi querido Piratilla Valiente,  que en lo que a mí se refiere, te espero con camisa blanca y mi mejor sonrisa.

Enero del 2015.


Todo indica que el tiempo cambiará (Taller Bremen)



  Rasgaré el aire con mi bisturí de alegría y determinación, eso es lo que haré. A la mierda las dudas sobre de qué lado caer, e incluso las anteriores sobre si es mejor no montar. La mañana será radiante y dará cabida, para desconcierto de los de siempre, a pájaros de colores tan hermosos que aún no existen. Se acabó el guión, a partir de ahora todo será una burla de lo que ellos esperan que sea, un enorme dedo corazón levantado ante esa vastedad de ojos de besugo obediente y mal refrigerado.
Siento que ahí está -casi que la puedo tocar-, esa larguísima suma de presentes  esperándome y preparando las cosas para que todo sea distinto a lo que ha sido. ¿Cómo no me habré dado cuenta antes? ¡Qué imbécil con metástasis he sido!
  Buenos días; si señor; hasta luego; lo que usted diga; voy de inmediato; no se preocupe; el martes a las ocho; el viernes a las tres; mañana, pues dios dirá; esta noche ha refrescado y todo indica que el tiempo cambiará. 
  Si me pudieran ver ahora toda esa panda de flácidos con sonrisas "fast food", en perfecto equilibrio, sereno, sintiendo las manos fuertes y consciente de que serán ellas y solo ellas las que improvisen todos los destinos. Qué dirían si vieran que todos los cielos posibles se reflejarán en la superficie niquelada del timbre, que en lo que me espera ellos ya no están, que incluso los dioses, conscientes de su derrota, sabrán que no les queda otra que dejarme hacer.
  Hasta nunca mis queridos errores, cuídense mis apreciados horrores, no me escriban mis temidos temores. Olvídense olvidándome y queden en nada.


(Levanta el pie derecho que apoyaba en el suelo,  trata de impulsarse y de forma incomprensible la bicicleta cae hacia el lado izquierdo. Empieza a llover. Se oyen unas risas que bien podrían ser de algo parecido a un destino. Desde el suelo puede ver como un perro levanta una pata y se mea en la circunvalación de un pino piñonero. También escucha como unos zapatos con un poco de tacón le preguntan si se encuentra bien. Si apenas hace un momento empezaba a llover, ahora ya llueve).