lunes, 1 de mayo de 2017

El hombre sin espacio




  Todo ocurrió muy deprisa. Apenas un mareo  y de repente ya no cabía en la bañera. Muy pronto se le hizo pequeño el piso, el bar al que iba todas las mañanas, el trabajo e incluso su mejor amigo. En un gesto desesperado para ganar un poco de espacio ordenó la tristeza, limpió su soledad y llevó todo el miedo que ya no solía ponerse a una tienda de objetos de segunda mano. Todo en vano. Ahora, si no fuera por la luna, estiraría un poco las piernas, pero ya no cabe en la noche y, según parece, hasta los dioses comienzan a sentirse molestos y preocupados.