sábado, 27 de enero de 2018

Al final no ha llovido (Taller Bremen)



  "Son las doce de la noche. Esta mañana he dicho veintidós veces buenos días. Parecía que quería llover, pero al final no ha llovido. Hace ya un buen rato que el perro del segundo primera está ladrando y no tengo café. A tomar por culo".

  Esto fue lo que encontraron escrito en el reverso del recibo de la luz del mes de mayo. A él lo encontraron debajo de la cama, abrazado a la tostadora de pan y muerto. Una lavadora de blanco recién colgada parecía indicar que tanto le daba estarlo o no. Tenía cuarenta y tres años y  de haber llovido esa mañana es más que probable que a mediados de Noviembre hubiese cumplido los cuarenta y cuatro. Aunque ya no hay nadie que pueda recordarlo, Francisco pesó al nacer tres kilos doscientos y al morir setenta y seis. Ni Dios se explica qué es lo que quería demostrar acumulando, de forma tan tenaz y durante todo ese tiempo, esos setenta y dos kilos ochocientos gramos de diferencia. A pesar de que el forense hacía más de una semana que por las tardes tenía acidez de estómago, a las cuatro y veinte de la madrugada ordenó el levantamiento del cuerpo. Como era de esperar, el cuerpo desobedeció, por lo que tuvieron que ser los empleados de la funeraria los que lo levantaran y lo separaran para siempre de la tostadora. Ya sé que muchos pensaran que aquí no hay historia que contar, pero aún dándoles la razón yo les preguntaría: ¿Acaso lo que no tiene ninguna importancia no debe de ser contado? 
De haber asistido al entierro, esos mismos que ahora tal vez recriminan este no suceder, hubiesen podido constatar que la historia en pleno estuvo presente. Toda la intrascendencia, toda la levedad que ha ido coagulando los siglos estuvo allí para darle a Francisco no la última despedida, sino el primer y afectuoso recibimiento a su entrañable e inconmensurable nada. La gran historia del olvido, los acontecimientos de agua que casi nadie consigue atrapar, eso fue de lo que allí se trataba, eso fue a lo que en el nicho doscientos veintitrés se le dio sepultura. 



3 comentarios:

Isabel dijo...

Pues tú atrapas tan bien las historias que se quedan ahí, contenidas, luchando con la fuerza del agua que nos las trae y ¡menos mal!
Abrazo.

Josep Vilaplana dijo...

De la improbable circunstancia de publicar cualquier cosa, Isabel, preveo tirada de dos ejemplares: uno para ti y otro para los familiares más allegados. Poca cosa sería eso para poder agradecerte tu amistad y tus atentas visitas a este rinconcito del dudar.

Abrazo enorme.

eve ariza dijo...

una delicia... com sempre! jo sempre en vull més de les teves paraules