viernes, 29 de noviembre de 2019

Si yo me contara -17-



-46-
Señalar un punto de eternidad; quitarle, por un instante, la razón al tiempo; afearle a Dios su exceso de fugacidad; también un breve, y a veces hermoso, acto de desobediencia ante el poderoso ejército del olvido. Hablo de la fotografía.
-47-
¿Quién a dicho que un sentimiento no se puede asfaltar; que no se puede pasear por la tristeza; que no puede uno alojarse un par de noches en la nostalgia o sentarse tranquilamente a contemplar el olvido? Hablo de Lisboa.
-48-
Haciendo cola en el comedor de empleados del aeropuerto del Prat me da por dudar de algunas certezas que en realidad nunca tuve. De ese fugaz desconcierto me saca un policia nacional que aguarda su turno delante mío. ¿Qué es "galta de porc al forn"? me pregunta . Le digo que "galta" es carrillo, "porc" puerco y "forn" horno, por lo que una traducción medianamente aceptable sería: carrillera de cerdo al horno. Me sonríe y me da las gracias; le sonrío y le digo que de nada. Lleva un montón de cosas colgadas en el cinturón: pistola, porra, guantes, linterna, esposas, radio transmisor; yo también llevo cinturón, pero de él solo cuelga una modesta bolsita en la que llevo la cartera y el móvil. Configuro, en silencio, una estúpida hipótesis: los complementos hacen al hombre. También me da por pensar que tal vez el portador de esa sonrisa hace unos días anduvo por esos mundos de dios trabajando a destajo (me pregunto si en las horas extras se golpea el doble). Al llegar a los postres coge una crema y se me queda mirando. Le digo que es crema catalana y teniendo en cuenta mi edad y mi complexión física -delgado y de musculación precaria-, me apresuro a matizar, flojito: "soberanista". Está a punto de volver a sonreír, pero en el último momento decide dejar la crema y coger un plátano.