martes, 7 de diciembre de 2010

Sal, luz, aceite y palabras













En la mesa se dispuso sal, luz, aceite y palabras. Sin decirnos nada, acordamos celebrar esa breve eternidad que se venía precisa y sin mácula. Ahora pienso en el mar, y en lo contento que estaba esa mañana de que tus ojos lo nombraran.

Absurdo anhelo











La precaria brisa era del todo insuficiente para tan absurdo anhelo. A pesar de ello, y por unos instantes, se dio la ambigua circunstancia de que el jugador fue también el juego (admirables las piruetas que el niño hacía en el cielo).

Uno más uno suelen ser tres













Los dos se querían; el tercero esperaba, pacientemente, la señal convenida.

La primavera













La primavera: ese empeño, esa terca voluntad, que año tras año regresa sin noticias.

viernes, 19 de noviembre de 2010

La última nota será de luz













Se han abierto espacios. Las cosas han distendido un poco, sin soltar del todo la cuerda, su insondable razón. Podría acudir a las convenciones de instante y luz para nombrar esta tregua, pero el mismo instante y otras luces a menudo establecen alianzas con las fauces sin alimaña del dolor hueco, por lo que tal vez esta tregua sólo se deba a una distracción pasajera, un girar la vista hacia otro lado para atender no se qué rumor de olas.
En los alrededores de esta breve rendición del ejército unívoco, se suceden los afanes y la muerte; los pájaros se regocijan de no saberse, los niños se desaprenden de alegrías entre mentiras y bicicletas; la arena observa, suma silencios -su enorme escepticismo la inhabilita para la más mínima esperanza-.
Luego, sin duda, algo muy leve dará por finalizado el concierto; la última nota, como siempre, será de luz.

Los ningunos













Un pájaro abolió la mañana.
Los ningunos
siguen esperando un vuelo
que no será.

Como la mosca













El único que sabe de amor es el rebeco; el hombre, como la mosca, interroga el cristal.