domingo, 24 de junio de 2012

De ángeles y lenguados



Que los ángeles tengan alas y compartan, en grácil e ingrávida armonía, cielo y bondad con los pájaros, es algo que goza de irrazonable aceptación y consenso.Yo era uno más entre esos muchos hasta que la gaviota atinó. Sucio de rencor, ando con el convencimiento de que un lenguado jamás se hubiese atrevido. No ha de parecerles extraño que desde hace algunas noches, al juntar mis manos en fervoroso y sobrecogido silencio, murmure: lenguado de la guarda, dulce compañía, no me dejes solo ni de noche ni de día.

martes, 19 de junio de 2012

Se sorprendió silbando



Se levantó sólo por costumbre y sin coraje. A eso de las diez ya le dolían el silencio y las paredes sucias. Con una falsa determinación se propuso hacer esto y aquello, cualquier cosa que le permitiera esbozar un perfil y alejarse de lo incierto. A las doce y diez -y veinte si tenemos en cuenta que su reloj sabía mas de cansancio que de precisión-, encontró el libro. El azar, o cualquier otra ficción, dispuso que su mirada se detuviera en una frase: este libro no está escrito y tú no lo estás leyendo. Luego le pareció escuchar una risa o tal vez sólo fuera un poco de luz jugando con las sombras. Cuando doblaba la esquina de la calle Montcada con Princesa, se sorprendió silbando.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Orgía -toma uno-


Son amantes del orden y escritores. No es improbable que los más escasos, los más poetas, incluso hayan escrito algún poema; no es imposible que los más numerosos se afanen para engordar el olvido. Disfrutar -en ese todos contra todos- lo que se dice disfrutar, no disfrutan, pero lo que si es cierto es que se hacen mucha compañía. Aunque corren rumores de que hace un par de días un filósofo tuvo un espasmo de tapa dura al rozarse con un libro de bolsillo -malas lenguas más la envidia insisten que de Pemán-, por lo general, en estas elevadas orgías literarias no sucede nada que no se pueda publicar.

Orgía -toma dos-


Vamos a ver si somos capaces de organizarnos con un mínimo de eficacia, insistía una de ellas. Vosotras mismas, balbucía otra entre imperceptibles jadeos, pero a las siete una servidora tiene que llevar al niño a catequesis. Y por si fuera poco, el imbécil de Kent sin aparecer, clamaba la más lasciva. No les quepa la menor duda de que esa tarde, de haber sido posible un pensar, el consenso se hubiese presentado sin fisuras y en términos parecidos a los que siguen: mejor sería haber asistido a la conferencia de Rouco en donde habló de la familia, de como aliviar las almorranas y del feo vicio que algunos tienen de invocar a Dios cuando fornican.

Orgía -toma tres-


Hartos de hacer como que jugaban, probaron con el juego de quererse de forma educada, es decir, olvidándose de cualquier educación recibida. Al principio todo iba bien, pero un mal día el imbécil del caballito decidió que ese era un buen tema y para qué contarles. Una enorme plaga de frígida flacidez abatió los campos. Ni el hombre araña se salvo de los efectos devastadores de la exitosa teoría del amor que el zarrapastroso zopenco alumbró.

Orgía -toma cuatro-



Vox Populi: se sabe desde siempre que a la Bota le pone el Botín y así sucesivamente. Desbocada anda por sus cordones, sin control. Otra cosa muy distinta es el quiero y no puedo del elegante Mocasín. Acostumbrado como estaba a las suaves alfombras inmobiliarias, esta el pobre que no levanta plantilla entre tanta forzada ociosidad. Pero en lo que todos coinciden es en maldecir a los innumerables pies. La mentira de un ir y venir disfrazado de futuro y el posterior y contundente olvido, esta ha sido la crónica en titulares de lo que a los pobres zapatitos les ha sucedido. Como es natural, en esta orgía los desganados besos son de cansancio y los precipitados orgasmos de tristeza.

lunes, 14 de mayo de 2012

Sesenta y dos kilos


Solía decir que sesenta y dos kilos son muchos si les sumas la soledad y muy pocos si les restas el hastío. Pero lo que sin duda más le gustaba era comprobar los kilos que no pesaba. En esa cifra sin fin, insistía, se agazapa la esperanza y de alguna forma la eternidad. Es algo así, le arguya a su peluquera que seguía sin entender nada, como el peso de lo todavía posible. Esa tarde, a la pobre chica, hablando, hablando se le fue la mano con el tinte.