Por la forma de mirarme, y por la indiferencia de tu sombra, supe que no nos volveríamos a ver. También supe, sin saberlo, el alegre infierno que te espera de vino tinto y asado; también supe, sin dudarlo, el triste cielo que me aguarda de plumitas rozando y ángeles asexuados.
2 comentarios:
mecuesta imaginar qué interés les puede producir una persona que pasaba por allí.
No es improbable que de ese puñado de ovejas, esa, la que se gira para mirarme, sea la más curiosa, la más poeta de todas. De todas formas, a mí tambien me cuesta imaginar dicho interés y más cuando la persona observada era un servidor (me apresuro a descartar, como motivo, mi posible semejanza con cualquier lobito bueno...).
Un abrazo, Nan, y gracias por estar.
Publicar un comentario