Justo cuando el avión del Sumo Pontífice aterrizaba en el Aeropuerto de Barajas yo estaba arrancando cebollas. Espero que esto, más mi precaria e inestable juventud, sirva para disculpar mi ausencia de las calles de Madrid.
No hace falta que te diga, pero te lo digo, lo mucho que me gustaría compartir contigo huerto, palabras, un poco de queso y un vino revestido de la suficiente dignidad.
En lo referente a lo otro, y como dice Joan Manuel Serrat en una de sus canciones, sino fueran tan dañinos nos darían risa.
Me parece advertir cierta ironía que relaciono con los dos carretones, que parecen dos ofrendas (fui monaguillo hace mucho tiempo...). Veo los carretones como humanizados, o animalizados, no estoy seguro.
Mi fe, sin duda sospechosa, pasa por una iconografía de cosas muy sencillas. Casi que soy capaz de rezarle a una carretilla de cebollas para que no caiga alevosa granizada (estoy convencido de que Dios se esconde en sitios inverosímiles).
8 comentarios:
Disculpat, ja suposava que ploraves més per fer la collita que no pas de l'emoció de veure al SUMO.
M'agrada la foto, m'agraden les cebes i més si son de Figueres.
Petons cebadellencs
Un xic més que content de saber que tornes a correr per aquest pais de broma.
De cebes, tu i jo, crec que en som del tot incondicionals....
Un petó i fins molt aviat.
Tiran más dos carretadas de cebollas que un papamóvil.
Cercano al hecho, y son huerto, me tuve que encerrar en casa.
No hace falta que te diga, pero te lo digo, lo mucho que me gustaría compartir contigo huerto, palabras, un poco de queso y un vino revestido de la suficiente dignidad.
En lo referente a lo otro, y como dice Joan Manuel Serrat en una de sus canciones, sino fueran tan dañinos nos darían risa.
Un abrazo, Nán.
Se te disculpa, Josep. Antes que nada es la tripa. Sigo leyendo más arriba.
Una cebolla es Dios en ropa de esport; un sofrito es una verdad divina e irrefutable. Mi fe se puede labrar cada primavera.
Un abrazo enorme (de alguna forma te envío el olor de los tomates recien cogidos...)
Me parece advertir cierta ironía que relaciono con los dos carretones, que parecen dos ofrendas (fui monaguillo hace mucho tiempo...).
Veo los carretones como humanizados, o animalizados, no estoy seguro.
Mi fe, sin duda sospechosa, pasa por una iconografía de cosas muy sencillas. Casi que soy capaz de rezarle a una carretilla de cebollas para que no caiga alevosa granizada (estoy convencido de que Dios se esconde en sitios inverosímiles).
Un abrazo enorme, José Luis.
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