Aletea ese viejo como un pájaro
en un cielo transcurrido.
Cinco ventanas, cinco cristales;
no espera ya la mañana,
sólo el eterno cansancio
de lo nunca cumplido.
Esa inmensa tristeza siente
de no poder nunca más estar triste;
esa multiforme derrota de sus formas
en cuya nada se enreda el ovillo;
ese horror de cuencas en su rostro
mirando, sin ver, abismo y olvido.
Aletea ese viejo como un cielo
en un pájaro transcurrido.
Cinco cristales, cinco ventanas;
no espera ya la mañana,
sólo el eterno cansancio
de lo nunca cumplido.

2 comentarios:
Muy bello, Josep, y muy cierto.
Besos.
Con lectoras como tú, escribir es una fiesta, sea en París como en Cáceres.
Besos de alta montaña.
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