La muerte es una tozudez que no cesa;
un enojo, un berrinche,
el gran enfado de un niño
castigado sin los postres del vivir.
Pero préstenle un poco más de atención,
no vaya a ser que tanta nada
nos suceda por apenas un descuido;
no vaya a ser que la solución
no consista en hacerla llorar,
sino en levantarle el castigo.

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