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domingo, 13 de junio de 2021

Nano

 



  Hay amistades que necesitan el hábito, que se nutren de la costumbre, y las hay que apenas requieren la fugacidad del instante, configurando estas últimas un espacio de posibles, una inmensa ternura con todo lo que aún no se ha dicho, un enorme cariño que no necesita ser explicado por el paso del tiempo.

  Recuerdo que en la estación de Atocha lo primero que vi fue un sombrero panamá que se dejaba llevar con estilo y, al acercarme un poco, sosteniéndolo, una sonrisa y unos ojos que ya eran un abrazo. Casi sin darnos cuenta, unos bocadillos de calamares y unas cervezas se erigieron en testigos precisos de un atropello de afecto, de risas, de asombro, de futuros proyectos y complicidades. De todas esas calideces, de toda esa humanidad de cercanías, de esa generosidad que exige a cualquier momento ser recordado, de todo eso, querido Nano, fuiste tú un despilfarrador nato. Es cierto que el margen que me ha dejado la vida para disfrutar de lo tuyo en lo nuestro ha sido más bien escaso. De Malasaña a los Pirineos son excesivas las esquinas, desmesurados los paseos, casi inaceptables los desniveles; pero ahora que me tienes no pensando en ti, sino sintiendo en ti, creo que puede ser un buen momento para decirte que tú eres  -no me  permito, por absurdo e inaudito, el “has sido”- una de esas personas capaz de querer y de hacerse querer sin necesidad de que distancia alguna tenga que colaborar en ello. Se te quiere igual a seiscientos kilómetros que separados por los escasos centímetros que suelen haber entre dos taburetes de la barra de un bar, y eso es algo infrecuente y admirable, un regalo que hace ya mucho tiempo desenvuelvo, agradecido,  una y otra vez.

  Querido amigo, no sé por dónde andas ahora; no sé en qué lugar aguarda tu voz para poder celebrar con ella la vida a pedazos; no tengo ni la más remota idea de la estación en la que debo apearme para poder abrazarte de nuevo. 

  De todas formas, que sepas que no te la voy a tener en cuenta. Sé de sobra que no es dejadez ni olvido, sino cansancio y destino lo que me traerá toda esa ausencia, todo ese enorme silencio al que no me resigno.


  Por lo demás, y a pesar de que el whisky y la noche se suelen llevar bien, te confieso Nano que esta noche no consigo que se disuelva en él la tristeza.


¿Qué decirte? lo que tú ya sabes: aquí estabas, aquí sigues, aquí estarás, querido amigo.