viernes, 31 de julio de 2015

Cosas mías -4-



(Instante sabático)
Sueño con un instante sabático de absoluta quietud Universal en el que nada debería nacer ni morir; un no tiempo en el que los mares permanecerían inmóviles, como a la espera de algo, y los amantes se mirarían sin quererse ni olvidarse. Descanso blasfemo e impensable, sin duda merecido tras esta larga, reincidente y agotadora jornada.

lunes, 27 de julio de 2015

Cosas mías -3-



(Círculos rectángulos)
Para dibujar un círculo rectángulo hace falta algo de coraje y no poca determinación. Pero la risa vale la pena, ya que nada les produce más temor a los que reposan su inabarcable culo en las polvorientas geometrías de lo que es, ha sido y será, que esas irreverentes figuras.

viernes, 24 de julio de 2015

Diario del Piratilla Valiente



Es frecuente que a los gatos les de por perseguir a su sombra,  enfadándose un poco cuando no pueden agarrarla. Es normal, ya que ellos no saben que esas sombras son gatos distintos intentando atrapar a sus sombras, también distintas. Sólo cuando ambos se quedan quietos se reconocen. Si alguien te exige, mi querido Piratilla Valiente, la absurda tarea de escoger, tú dile que prefieres ser juego y risa, sombra y gato.

(Del diario del "Piratilla Valiente", y con motivo de la celebración de la llegada de mi querido nieto Mario, después de sus increíbles aventuras por los mares de Oriente).

domingo, 19 de julio de 2015

Cosas mías -2-



(Ella)
Se va soltando, despacio, de esa precisión suya en el vivir. Apenas come y ni siquiera se toma la molestia de espantarse las moscas. Muy pronto seguirá en lo suyo, pero mezclada con todo; muy pronto persistirá en cualquier cosa que ande en la hermosa tozudez de ser. Por lo demás, el absurdo invento de la muerte exige, para que le nazcan ojos y horror, prestarle toda la atención. Innecesario decir que con mi querida Mula juega a perder. Todo lo cierto e inmutable, lo que no deja espacio para la duda ni la especulación, espera a ser masticado por ella eternamente. No se va a morir, sólo que muy pronto tiene previsto cambiar de prado.
Hasta que nos confundan y nos confundamos, querida tertuliana de silencios, te llevaré en mi sonrisa. Por lo demás, y si no te sabe mal, nos podemos ahorrar el beso. 

sábado, 18 de julio de 2015

Cosas mías (-1-)



(Escribir)
Escribir es la forma que tienen de ejercitar la memoria aquellos que pretenden olvidar acordándose. Entrañable tropel de ciegos que todo lo miran sólo para dejar constancia de que nada ven.

(Lichtenberg)
Según parece, Lichtenberg expresó su convicción de que, sin sus escritos, se hablaría de cosas muy diversas entre las seis y las siete de cierta tarde alemana del año 2773. Pues bien, hace ya algún tiempo que ando con algo más que con una sospecha de que, sin los míos, entre las seis y las siete de esa misma tarde alemana, tal vez llueva si es que ha de llover. Ya veremos.

jueves, 9 de julio de 2015

Fingieron las palabras, el texto me mintió (Taller Bremen)



La verdad es que desde el primer momento el texto me mintió. Me dijo que José María Anzar fue un niño de buena cuna y de mal carácter, cuyos rasgos andaron siempre pleiteando con saña entre ellos (unos ojos pequeños que apenas se dirigían la palabra, separados por una nariz de narices, ganchuda, que a modo de górgola de una catedral chiquita y rencorosa, pendía sobre lo que tenía que haber sido una boca y se quedó en rictus, caricatura y cicatriz). 

Yo quise creerle y le creí, no dudando ni por un instante de él cuando me aseguraba que a ese niño, al que alguien o algo le negó la más mínima gracia, le deparaban los más altos honores,  y eso a pesar de que su talla hacía muy difícil imaginarse, siendo tan altos dichos honores, en qué lugar reposaría su nariz cuando le fueran concedidos y tuviera que compartir con ellos sus momentos de íntimo solaz y lascivo orgullo.

Fingieron las palabras -es cierto que unas más que otras- diciéndome que mi texto reflejaría con precisión justo el momento en que el hombre que José María Anzar nunca sería se despidió del niño que jamás fue, quedándose durante muchos años -se podría decir que durante el resto de su vida- en una zona neutral muy parecida a un chiste sin gracia y sin público, un limbo en el que la niñez ausente y la madurez inexistente sólo le permitieron consolidar una idiotez peculiar y recurrente. 

Sumido en esa impostura, en ese falaz engaño, en esa audaz osadía que lo que se escribe a menudo muestra ante su perplejo escritor, se atrevió a decirme, el muy cabrón, que nadie como yo  sería capaz de reflejar, por escrito y de una forma tan nítida, la apoteosis vital, el clímax de poder y gloria, el "big band" de posteridad, de ese hombre, mitad bigote, mitad error, al que tanto le deben las hienas su creciente popularidad.

Pues bien, como les decía al principio, la verdad es que desde el primer momento el texto me mintió. Conforme lo iba escribiendo me daba cuenta que tantos son los matices, tan inabarcable, inconmensurable, inhabitable e incluso insoportable, es el personaje, que la suma de mis escasas habilidades, más la delicada configuración de mi estómago, escoraban la nave hacía el más estrepitoso fracaso.

Ahora, abandonada ya cualquier esperanza de certeza y precisión, y bajo el paraguas con el que me protejo algunas noches de la persistente lluvia de silencio y olvidos, puedo escuchar perfectamente cómo se ríe, enredada en mi telaraña de palabras fallidas, esa obscena mentira que a fuerza de repetirse a cuatro idiotas aun les parece verdad.  


lunes, 29 de junio de 2015

Un azar, seis esquinas -Taller Bremen-



-PRIMERA ESQUINA-
"Esa tarde al hardware le patinó, por una sobrecarga de vete a saber, el software. Algo parecido a pasarse de frenada y atropellar al jubilado que sale de la oficina bancaria con su libretita actualizada. El vetusto programa que utilizaba el Ministerio de Reproducción para gestionar las cópulas, y así conseguir que cada "A" conozca y se aparee con su "B" y que de esa eficaz unión nazca un "C" moldeable y con un encefalograma marcadamente mesetario, se jodió. Ahora "A" escribe versos, algunos fallidos y otros peores, y sentado frente a ella "B" se mece las barbas impares  mientras espera en vano que una príncesa de ojos verdes, enana y dopamínica, doble la esquina. Pura infelicidad ficción."

-SEGUNDA ESQUINA-
"Al mirarle el culo supo, sin saberlo, que ese amor vendría con metástasis. Ella no fumaba, pero de hacerlo hubiese sido hermoso ver, al girarse, como el humo añadiría cansancio a sus ojos verdes -en algún lugar del fatídico encuentro, un poco de menta plantada en un tiesto empatizaba en silencio con ellos-.
- Es hermosísima -se dijo para sí Ernesto-.
- Pero no es para tí -se contestó para sí Ernesto-.
- No, claro que no -le hubiese contestado cualquiera a Ernesto de no ser porque esa tarde estaba solo-.
Y respiró aliviado por todo lo que no tendría que decir. Y entonces el semáforo decidió convertirse en destino. Y se miraron. Y llevan treinta años mirándose. Y aun no saben qué cojones vieron el uno en el otro para acumular tanta tenacidad."

-TERCERA ESQUINA-
"Quiso el azar llevarlo hasta sus brazos, acordando poco después con el infortunio dejarlo en ellos. Dobló la esquina el pobre infeliz y allí se toparon los tres: la esquina que esperaba sólo por esperar que alguien la doblara; ella, que supo sacarle partido a la súbita doblez; y él, algo doblado ya por el peso de todas las esquinas venideras."

-CUARTA ESQUINA-
"Un moscardón ensuciaba el silencio que los ojos de ella vertían. Sentados uno frente al otro, vacíos, sin más protección ni alivio que un estúpido diario deportivo que temblaba levemente en las manos de él. Hacía ya mucho tiempo que algo los había dejado enzarzados en esa soledad en la que uno y uno no son dos, sino nada. Demasiado tiempo para intentar deshacer la broma de un azar, unos ojos verdes y una esquina.
- Mañana, a las once, vienen a revisar la caldera. Espero que no venga el del año pasado. Menudo imbécil.
- Ya.
- ¿Vendrás a comer?
- Te llamo
- ¿Me quieres?
- Ya.
Durante un instante el moscardón quiso saber algo de la tristeza y el cansancio y se quedó quieto. Sólo el tiempo necesario para que una lágrima increpara a Dios como se merece."

-QUINTA ESQUINA-
Un tipo decide darle sentido a la esquina y la dobla. Dos palomas cosen despacio lo que podía haber sido una tarde de Mayo. Una mujer quiere ser bonita en ese instante. Se escucha el ruido de cristales rotos tras el topetazo de sus miradas. El verde de sus ojos mancha la luz y el aire. Un escritor toma nota mental de la escena pero luego pierde la libreta. Arranca la absurda máquina del porvenir su motorcillo de tristeza. Nadie se da cuenta, pero ahora ya es nunca y después.

-SEXTA ESQUINA-
La esquina, situada en una estratégica librería, está flanqueada por algunas palomas y no pocos olvidos. Parece recién puesta, pero en realidad está ahí desde mucho antes de que el primer azar aceptara el juego. Mal actor, pésima actriz, ambos interpretan como pueden la escena del encuentro. Luego vendrán los bolos sin nadie en las tardes de domingo y la precisa liturgia de ese evangelio que proclama los alrededores de un entrañable infierno. Si alguien quisiera fijarse, vería como en el verde de sus ojos se cobija la levísima ternura de todos los fracasos.