Tienes razón, Isabel. En esta esquina intuyo que sólo se daban cita, algunas tardes, el viento y la nada. Según me comentaron, los fantasmas hacía algún tiempo que había marchado a Alemania (en el pueblo ya no quedaban corazones que encoger ni listas de partidos en las que figurar).
En realidad se trata de un pueblo, por llamarlo de algún modo, perdido en mitad de los Monegros. Fueron cuatro días en los que apenas vi a nadie, aunque disfruté mucho con la fuego, mi cámara y unos cuantos libros.
Un beso.
Pd. Según todos los indicios, efectivamente el de la foto, cuya autora es Violeta, soy yo.
Para ser sincero, Nán, las posibilidades de ese pueblo de convertirse en ciudad eran parecidas a las del espermatozoide cojo e infecundo de convertirse en cirujano plástico: pocas.
Con tú permiso, y dada mi inveterada afición a las esquinas, me quedo con tu precisa aseveración relacionada con las esquinas por si la edad y sus olvidos consiguen algún día hacerla mía.
Un abrazo grandote, como de encuentro en esquina benévola (sin duda las hay malignas).
8 comentarios:
Qué bien encajan algunos rincones, como una bisagra de no sé qué puerta.
Un abrazo.
Es cierto, y más cuando la luz los engrasa hasta conseguir que el tiempo no chirríe.
Un abrazo, Xuan, y gracias por visitar esta esquinita de quita y pon.
Me da más sensación de muerte en vida que la foto de abajo, y es que hay pueblos que parece lo habiten fantasma.
Beso
Tienes razón, Isabel. En esta esquina intuyo que sólo se daban cita, algunas tardes, el viento y la nada. Según me comentaron, los fantasmas hacía algún tiempo que había marchado a Alemania (en el pueblo ya no quedaban corazones que encoger ni listas de partidos en las que figurar).
Besos.
Muy propio de los pueblos castellanos al mediodía de verano.
¿Es usted el de la foto?
Beso a los dos
En realidad se trata de un pueblo, por llamarlo de algún modo, perdido en mitad de los Monegros. Fueron cuatro días en los que apenas vi a nadie, aunque disfruté mucho con la fuego, mi cámara y unos cuantos libros.
Un beso.
Pd. Según todos los indicios, efectivamente el de la foto, cuya autora es Violeta, soy yo.
Una ciudad con cuadrículas rectas, con plena visibilidad, parece un campo de vigilancia montado por la policía.
Las esquinas permiten el misterio de ocultar.
Un abrazo
Para ser sincero, Nán, las posibilidades de ese pueblo de convertirse en ciudad eran parecidas a las del espermatozoide cojo e infecundo de convertirse en cirujano plástico: pocas.
Con tú permiso, y dada mi inveterada afición a las esquinas, me quedo con tu precisa aseveración relacionada con las esquinas por si la edad y sus olvidos consiguen algún día hacerla mía.
Un abrazo grandote, como de encuentro en esquina benévola (sin duda las hay malignas).
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