Ando con la sospecha de que la vida es una precisa y pacífica violencia, contra todo y contra nada, que sin cesar se expande (sin ir más lejos, un servidor maltrata las palabras hasta dejarlas sin sentido -violencia de género literario-).
Creo compartir contigo, y con todos los malheridos de luz e instante, la predisposición a dejarme sorprender. Pistoleros de un far west cuyos luminosos enemigos siempre desenfundan primero (tal vez algunas fotografías son las queridas cicatrices que sus precisos y hermosos disparos nos dejan).
Hablo, querida Isabel, de la pacífica violencia que parece anidar en esta rueda en la que correteamos como ratoncillos blancos. Esa violencia que aniquila y al mismo tiempo vivifica; esa indiferente violencia que nos hace frágiles y hermosos.
De ningún modo hablo de esa pésima copia, endémica y yerma, de la violencia que los seres humanos nos infligimos los unos a los otros.
4 comentarios:
La espectadora en la sombra y el vuelo petrificado del pájaro. Todo lo demás es escenario.
No dejas de sorprenderme. Supongo que es debido a que tú sigues dejandote sorprender.
Bueno, mientras la utilicemos con las palabras sobre el papel, porque a viva voz pueden ser peligrosas.
Pero ¡qué poco nos explican, a veces, las palabras!
Abrazos
Creo compartir contigo, y con todos los malheridos de luz e instante, la predisposición a dejarme sorprender. Pistoleros de un far west cuyos luminosos enemigos siempre desenfundan primero (tal vez algunas fotografías son las queridas cicatrices que sus precisos y hermosos disparos nos dejan).
Un abrazo, Xuan.
Hablo, querida Isabel, de la pacífica violencia que parece anidar en esta rueda en la que correteamos como ratoncillos blancos. Esa violencia que aniquila y al mismo tiempo vivifica; esa indiferente violencia que nos hace frágiles y hermosos.
De ningún modo hablo de esa pésima copia, endémica y yerma, de la violencia que los seres humanos nos infligimos los unos a los otros.
Abrazos pacíficos y grandotes, Isabel.
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